HALLOWEEN O DE CÓMO JOHN CARPENTER CREÓ A UN ÍCONO 

Guillermo Guajardo

Puede parecer un cliché recomendar esta película, pero si se quiere hablar del slasher moderno, esta cinta debe estar en la lista. Sin necesidad de monstruos de otro mundo, con solo una máscara modificada del Capitán Kirk de Star Trek, una melodía hipnótica y la calma inquietante de un vecindario cualquiera, bajo la dirección de John Carpenter, Halloween muestra que el terror en una experiencia que se arrastra lentamente, hasta que nos damos cuenta de que ya está dentro.

Todo comienza con una cámara que observa sin juicio, sin emoción, como si el mal tuviera ojos propios. Desde esa primera escena, Carpenter nos sumerge en un mundo donde la inocencia no siempre es buena. Años después, el mal regresa con el rostro vacío de Michael Myers: una figura que camina sin prisa, pero que parece inevitable, como si el destino mismo lo empujara hacia sus víctimas.

Carpenter transforma lo ordinario en aterrador: calles tranquilas, casas iluminadas por luces cálidas, hojas cayendo sobre el pavimento… para que, al final, todo se convierta en una trampa. El horror no está en la oscuridad, sino en lo familiar. En aquello que creíamos seguro. Y mientras la cámara avanza despacio, siguiendo a Laurie Strode —interpretada por una joven y talentosa Jamie Lee Curtis—, sentimos que cada sombra guarda algo que preferimos no ver.

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La música, compuesta por el mismo director, actúa como un corazón que late fuera de cuadro. Con unas notas y una melodía que se convierten en el recordatorio constante de que el peligro está cerca. No hay descanso ni refugio. El sonido se mete en la mente, tan preciso y frío como la respiración detrás de una máscara.

Esta película no solo definió un subgénero, sino que también dio origen a futuros monstruos y cintas que hoy son clásicos del cine. Dio forma al slasher moderno, enseñándonos que el terror más efectivo no grita, sino que espera. Sobre todo, que el mal puede ser inexplicable y aun así sentirse real. Carpenter no muestra más de lo necesario; su cine sugiere, deja huecos que el espectador llena con su propio miedo.

Más de cuatro décadas después, Halloween sigue siendo una lección sobre cómo hacer cine con precisión quirúrgica y emoción contenida. Una película donde el miedo nos acompaña incluso después de apagar la luz de nuestro hogar, en ese silencio espeso… el mismo en el que Michael Myers podría estar respirando.

HALLOWEEN (1978)

9.5/10

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