LO NUEVO DEL MUDE: UN VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO

El Museo del Desierto se encuentra siempre en una actualización continua, su objetivo: promover la cultura de la ciencia y el medio ambiente, así como la investigación paleontológica y científica. Su más reciente contribución al público se trata de la creación de nuevas secciones que complementan al Pabellón 1. Con casi 500 metros cuadrados nuevos de exhibición estos cambios vieron la luz el 19 de agosto, después de una intensa preparación sobre su contenido y fondo, mismo que comenzó a estructurarse desde el mes de abril.  

Las adiciones al Pabellón 1 representaron una inversión de 6 millones de pesos, la cual se ve reflejada en la calidad de las piezas exhibidas, los medios interactivos y las remodelaciones hechas a todo el recorrido, así como el videomapping inmersivo que marca el inicio de la exhibición, mismo que muestra mediante apoyo audiovisual datos sobre el desierto y sus habitantes, así como imágenes de criaturas prehistóricas.

El tema principal del Pabellón 1 versa sobre El Desierto y su Historia, acerca de cómo está compuesto en la actualidad y cuales fueron las circunstancias que se presentaron en épocas pasadas para que se convirtiera en un desierto, representando sus condiciones geológicas de hace miles de años. Una sala repleta de minerales de todos los tipos puede encontrarse dentro de lo nuevo, así como una gran variedad de piezas de fósiles que dan una idea de cómo era la vida en la tierra y en Coahuila hace millones de años.

EL RECORRIDO 

El Museo del Desierto se siente vivo, familias enteras se congregan en la entrada del recinto, hay niños correteando por todo el lugar, expectantes sobre lo que se esconde detrás de las puertas de cristal del señalado Pabellón 1, al atravesar el umbral, los visitantes son recibidos por una gran proyección en la cual se muestra la ferocidad de la naturaleza hace millones de años, monstruos marítimos, dinosaurios en plena batalla y grandes desiertos, todo esto reflejado en restos fosilizados de criaturas que alguna vez habitaron este mundo. Los sonidos invaden la sala, rugidos a lo lejos, la atmósfera de una época antigua se hace presente, está por iniciar un viaje por las eras, por la historia del planeta tierra. 

El recorrido se extiende, nuestros ojos a donde quiera que se dirijan encuentran información sobre el ecosistema terrestre, sobre los desiertos y sus características, su flora y su fauna. Más adelante el corazón del museo se revela, desde lo alto podemos observar esqueletos de dinosaurios gigantescos, seres que la mente no logra imaginar con vida, la ciencia y la ficción parecen conjugarse para formar una amalgama real y física de lo que alguna vez habitó este planeta. A nuestra altura tenemos descripciones detalladas de distintas áreas de los desiertos, entre las que figuran los bolsones, las dunas y las caliches, relieves que solo pueden encontrarse en un ecosistema desértico. 

Y adelante, un túnel casi fantástico se despliega ante nosotros, dentro del mismo pequeñas luces giran a nuestro alrededor, como si intentaran imitar el paso de las estrellas sobre nuestras cabezas, o quizá, el recorrido fugaz de algún cometa. Al salir, el origen del universo se desarrolla con amplitud, el Big Bang, representado en las paredes del complejo a manera de mural, de forma cronológica se nos muestra la expansión del universo y la cosmogonía de nuestra existencia. 

Seguidamente nos adentramos a una sala con una atmósfera mágica, montones de minerales se revelan ante nuestros ojos, cristales estéticamente atrayentes, amalgamas de elementos brillantes formados a través de la mineralización de compuestos químicos, la naturaleza nos sorprende con su lado más íntimo y científico. La sala resulta en una de las más atractivas para los visitantes que permanecen absortos en las maravillas minerales que se pueden encontrar dentro de las minas. En otra sección, cristales de dos metros salen del suelo, en medio de ellos unos monitores muestran en video los interiores de una mina de 250.000 años, ubicada en Naica, estado de Chihuahua. 

Otra sección nos espera, en su panorama se revela una proyección que nos muestra imágenes de los mares hace millones de años, y una criatura insectoide que asemeja a un ciempiés se erige amenazante, de casi metro y medio de largo, resguardando los fósiles de la era paleozoica, amonites y orthoceras, criaturas que asemejan a calamares. Al dejar atrás esa parte del recorrido, volvemos al corazón del museo, en esta ocasión por la planta baja, los fósiles del Tyrannosaurus rex y de la criatura alada Quetzalcoatlus se ven aún más amenazantes. 

Al final como una especie de conclusión a lo presenciado, entramos en una última sala, nos recibe un Deinonychus, a veces confundido con un velociraptor, el mismo se mueve, abriendo sus fauces y sus garras, emitiendo rugidos que resuenan en todo el lugar, tras de él, un esqueleto del Coahuilaceratops magnacuerna, dinosaurio parecido al triceratops.

También dentro de aquella sección resalta una sala que se encuentra separada por una serie de vitrinas, se trata del laboratorio de paleontología del Museo del Desierto, en donde se realiza la selección, cuidado y reparación de los fósiles que llegan al MUDE, las mesas de trabajo donde laboran los expertos están a plena vista, y si hay suerte, se puede ver a uno trabajar en alguna pieza fosilizada, o almacenando un fósil en la colección paleontológica de Coahuila. 

El Museo del Desierto nos despide, a falta de tiempo resulta imposible recorrerlo en su totalidad, sin embargo, la remodelación y las nuevas secciones se han cubierto por completo, a nuestra salida observamos que la gente no para de llegar, afuera, la tarde es benevolente, el sol no pica tanto, y a pesar de que nos alejamos del museo, el sentimiento de aventura y descubrimiento se va con nosotros.

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