

“Cuando suena una moneda, un alma va al cielo”, durante los siglos XVI y XVII la predicación de la existencia del purgatorio tuvo su apogeo en México. La Iglesia Católica cobraba para que las ánimas pudieran salir del purgatorio y ser salvadas, a esto se le llamaba indulgencia; además los familiares podían seguir pagando misas por si acaso aquella alma no había salido aún. Esto no es tan lejano a la realidad actual de muchas religiones, pagar por la salvación eterna.
El deber ser, es agradecer cuando alguien nos ayuda, pero ¿cómo se demuestra la gratitud?, ¿con palabras?, ¿con acciones?, ¿con dinero? En las Casas de Rescate de Cristo Vive la gratitud tiene un costo monetario y no sólo esto, la fe también.
Las personas que buscan ayuda llegan a Cristo Vive y se internan bajo un contrato inicial de tres meses, al término de este periodo, tienen la opción de decidir si continúan o se retiran. Aunque los detalles precisos de su proceso de rehabilitación no fueron proporcionados, se menciona que la oración desempeña un papel fundamental en el mismo. En cuanto a los vendedores de burritos, su proceso de integración es igualmente intrigante. Hombres que han completado un proceso de rehabilitación, que puede extenderse hasta un año, se convierten en vendedores de burritos. Cotizando con varios proveedores de burritos al mayoreo, se estima que cada paquete de tres burritos les cuesta $15, considerando los costos de materia prima y mano de obra; sin embargo, Cristo Vive vende estos paquetes a $50. Diariamente, de lunes a viernes, salen 21 hieleras para vender, lo que equivale a 945 burritos por día. Además, los vendedores indicaron que los domingos salen 8 hileras por casa de rescate, es decir, 56 hileras en total, con un total de 2,520 burritos. Esto significa que, en un año, sólo a través de la venta de burritos, Cristo Vive acumula una suma de $9,009, 000 de ingresos por burritos, sólo en Coahuila.

Además de estos ingresos, la Casa de Rescate recibe diezmos y ofrendas de los feligreses durante los servicios dominicales. Estos fondos se destinan, según se nos dice, al cuidado de quienes están en la casa de rescate. A través de un mensaje de que Dios es bueno con todos, de que debemos ser agradecidos y de que el diezmo es una obligación, mientras que las ofrendas “las semillas de la fe”, es que piden este dinero que los feligreses depositan.
Aunado a esto, cada vez que alguien sale de misión instan a los asistentes a sus servicios religiosos, así como a quienes los siguen por internet a hacer donaciones voluntarias.
Es decir que, Cristo Vive A.C no recibe dinero solamente de las ventas de tortillas, frijoles, dulces, abarrotes y burritos, también obtienen ingresos de los diezmos y ofrendas que la gente da por una obligación moral y religiosa. El discurso de la caridad con el más necesitado prevalece, pero ese dinero ¿llega a los más necesitados? Si bien es cierto que tienen servicios de rehabilitación, estos son sólo un modus operandi para tener mano de obra gratis.

