Tlalchichis: los perritos regordetes que guiaban al inframundo

perritos tlalchichi  en Colima
Glorieta de Los Perritos Bailarines en la ciudad de Villa de Álvarez, Colima / Foto: Entorno Turístico

Con patas cortas y barrigones, los tlalchichis fueron fieles compañeros de vida y muerte en Mesoamérica

Todo chiquito, todo panzón. Suena a meme pero así eran los tlalchichis, los perritos prehispánicos de Colima que hoy protagonizan el doodle de Google. Estas figuras de barro, representadas en poses juguetonas y con sus regordetas barriguitas, tienen una historia tan antigua como simbólica.

Antes de la llegada de los españoles, México ya contaba con tres razas de perros: el itzcuintli, el xoloitzcuintle (del náhuatl, “perro arrugado”) y el tlalchichi, que era como el “perrito de piso” por su baja estatura y patas cortas y curvas. A diferencia de los xolos, estos tlalchichis tenían un cuerpo robusto y más cercano al suelo, cualidad que los hacía parecer una versión encogida de sus primos.

En las figuras de barro, los tlalchichis aparecen en poses encantadoras: algunos acurrucados, otros con una mazorca en la boca y otros más abrazando a otros perritos. Su estilo, casi de caricatura, nos recuerda cómo los antiguos pobladores de Colima y otras partes de Occidente los veían: tiernos, fieles y leales.

Compañeros en vida y guías en la muerte

No sólo eran perritos adorables en vida; los tlalchichis también tenían un papel simbólico en la muerte. Para las culturas prehispánicas, la muerte no era el final, sino el inicio de un viaje al inframundo, y estos perritos tenían la noble tarea de guiar a sus dueños a través del peligroso camino. Por eso, se han encontrado numerosas figuras de tlalchichis en tumbas de tiro de Colima y Jalisco, en las que servían como ofrendas mortuorias o como guardianes sagrados de los espacios funerarios.

El simbolismo de los tlalchichis era tan importante que incluso llegaron a ser sacrificados en lugar de personas. Algunos historiadores aseguran que, si no había prisioneros de guerra disponibles, el tlalchichi podía ser la “ofrenda” que engañara a la muerte. Es por eso que en varias efigies aparecen con cabezas humanas, como si intentaran “disfrazarse” para proteger a sus dueños.

Un legado que sobrevivió a la conquista

Aunque los tlalchichis eran parte fundamental de la vida y muerte en Mesoamérica, la llegada de los españoles y las prácticas de la Colonia afectaron gravemente su existencia. Se prohibió su presencia en las calles, y la orden de eliminar perros callejeros envenenó a la mayoría, llevando la raza a la extinción en el siglo XVII. Sin embargo, su recuerdo sigue vivo gracias a las figuras de barro encontradas en sitios arqueológicos y conservadas en museos de México y otros países.

Saliendo de Colima hacia Comala, por ejemplo, una gran escultura de dos tlalchichis parece bailar en una glorieta, y aunque muchos los confunden con xoloitzcuintles, son realmente un homenaje a los tlalchichis, símbolos de la historia y tradición de la región. Además, en el Museo Regional de Historia de Aguascalientes se conserva una de estas piezas, recordándonos la importancia de este animal en la cultura de Occidente.

El perro: amigo y guía desde tiempos ancestrales

El rol del perro como “psicopompo” o guía al más allá no era exclusivo de los tlalchichis; también los xoloitzcuintles tenían esta tarea. Las culturas nahuas y mayas creían que el perro acompañaba al espíritu del muerto, cruzando ríos y caminos oscuros en el inframundo. En el Códice Laud, una ilustración muestra a un muerto junto a su perro en el reino de Mictlantecuhtli, deidad de la muerte. Para muchos, esta imagen era la representación de la última compañía fiel de un perro hacia su dueño en el otro mundo.

Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia general de las cosas de la Nueva España, describe que estos perros eran parte de la vida cotidiana, e incluso comenta que su carne era sabrosa, aunque no muy diferente a la de otros animales pequeños. Este uso culinario no ayudó a su popularidad, pero no redujo la importancia que se les daba como compañeros espirituales.

Así, los tlalchichis y otros perros prehispánicos tenían un significado tan profundo que, aun cuando la raza se extinguió, sus figuras de cerámica nos hablan del respeto y cariño que se les tuvo. Hoy, al ver el doodle o cualquier escultura de estos perros pequeños y barrigones, recordamos que, desde tiempos prehispánicos, el perro ha sido el mejor amigo del hombre.

ATiempo.Tv es el primer medio de comunicación nativo digital e independiente en Coahuila, caracterizado por su compromiso y responsabilidad de contribuir a la sociedad; brindando información verificada de manera profesional, ética y confiable. Es por eso que te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales para que tengas acceso a las noticias más relevantes a nivel local, nacional e internacional.