El amor más grande: Las madres buscadoras en Sonora

Madres Buscadoras de Sonora. Foto: Cortesía

Las desapariciones forzadas en México han obligado a colectivos de madres a liderar la búsqueda de sus seres queridos.

En México, la desaparición forzada se ha convertido en una de las crisis humanitarias más alarmantes de las últimas décadas. La ineficacia del Estado para esclarecer los casos y la falta de acceso a la justicia han obligado a los familiares de las víctimas a encabezar sus propias investigaciones y operativos de búsqueda. Este es el caso de las Madres Buscadoras de Sonora, quienes han convertido el rastreo de fosas clandestinas en una labor cotidiana, a pesar de los riesgos que implica.

El reciente hallazgo de 40 osamentas en Hermosillo, resultado del trabajo del colectivo Buscadoras por la Paz Sonora, junto con Guerreras Buscadoras de Cajeme y Guerreras Buscadoras de Guaymas y Empalme, evidencia la magnitud del problema. 

Sin embargo, la labor de estos colectivos va más allá de la recuperación de cuerpos. Las mujeres que integran estos grupos enfrentan una doble victimización: no sólo buscan a sus familiares en un contexto de incertidumbre y violencia, sino que también son criminalizadas, amenazadas e incluso asesinadas por su activismo. La ausencia de un sistema de justicia eficiente ha obligado a estas madres a organizarse, capacitarse y recurrir a herramientas forenses con el fin de localizar a sus seres queridos.

Según Ilich Avilés y Noé Amezcua, promotores comunitarios del Centro de Estudios Ecuménicos (CEE), es urgente transformar un sistema que, en lugar de garantizar justicia, revictimiza a quienes buscan a sus familiares. En este sentido, los colectivos de búsqueda se han convertido en piezas fundamentales dentro del proceso de memoria, verdad y reparación que el Estado ha sido incapaz de garantizar.

FUNDADORA DEL COLECTIVO Y SU LABOR EN LA BÚSQUEDA

Cecy Patricia Flores Armenta fundó el Colectivo Madres Buscadoras de Sonora tras la desaparición de su hijo, Marco Antonio Saucedo Rocha, el 4 de mayo de 2019 en Hermosillo, Sonora. Desde entonces, ha encabezado la búsqueda de personas desaparecidas en el estado, reuniendo a alrededor de 700 mujeres que recorren localidades como Nogales, Caborca y Guaymas en busca de restos humanos. Su labor se basa en informes oficiales y testimonios anónimos. 

Su labor se divide en dos protocolos: la búsqueda en vida, que implica la identificación de personas en situación de calle con rasgos similares a los reportados como desaparecidos, y la búsqueda de cuerpos, en la que se inspeccionan terrenos con anomalías como hundimientos o tierra removida. Al localizar restos humanos, el colectivo documenta la vestimenta y posibles identificaciones antes de contactar a las autoridades.

¿CUÁNTOS DESAPARECIDOS HAY EN MÉXICO?

Durante los primeros 100 días del mandato de Claudia Sheinbaum, México registró un promedio diario de 40 desapariciones, lo que representa un incremento del 60% en comparación con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando la cifra se mantenía en 25 casos por día.

Entre el 1 de octubre de 2024 y el 8 de enero de 2025, el país acumuló un total de 4,010 desapariciones, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). Actualmente, el número de personas desaparecidas en México supera las 121,000.

DESAPARICIONES EN SONORA

Sonora se ha convertido en uno de los estados más afectados por la desaparición forzada. Hermosillo encabeza la lista de municipios con más personas desaparecidas, seguido por Caborca, Puerto Peñasco y San Luis Río Colorado, mientras que Cajeme, Guaymas y Agua Prieta han quedado relegados en la estadística.

El problema se intensificó en 2012, pero 2020 marcó el punto más crítico, con 633 casos activos. La tendencia se redujo en los dos años siguientes, pero volvió a repuntar en 2023, con 224 desapariciones. La fluctuación de cifras revela la complejidad del fenómeno: si bien los números actuales son menores a los de 2020, la crisis persiste y afecta a comunidades enteras.

LA INACCIÓN DEL GOBIERNO Y LA RESISTENCIA DE LAS MADRES

Sonora es un territorio fronterizo donde la violencia se ha normalizado. La desaparición de personas es parte de una crisis mayor que involucra homicidios, feminicidios y otras formas de violencia extrema. En este contexto, la inacción del Estado se ha convertido en un factor clave que obliga a las madres a buscar por su cuenta.

El Estado no sólo es responsable por su falta de acción, sino también por su participación en la desaparición forzada. La impunidad es alimentada por la complicidad de fuerzas de seguridad, la criminalización de las víctimas y la deficiente infraestructura forense. La omisión de las autoridades, como lo han denunciado las propias familias, termina por «desaparecer a los desaparecidos».

A pesar de los riesgos, las Madres Buscadoras han convertido su lucha en una forma de resistencia política. Su búsqueda trasciende lo personal y se convierte en una denuncia colectiva contra un sistema que privilegia la impunidad sobre la justicia. Su labor no solo confronta al Estado, sino que también evidencia las fallas estructurales que perpetúan la violencia.

UNA LUCHA COLECTIVA: 

La resistencia de las Madres Buscadoras de Sonora no solo es un acto de amor y desesperación, sino también una forma de organización política que desafía las estructuras de poder. Desde su surgimiento, han logrado exponer la crisis humanitaria en el estado y cuestionar la narrativa oficial que minimiza la violencia.

Su lucha se fundamenta en la solidaridad y en la búsqueda de verdad y justicia. En un país donde la vida está constantemente amenazada por la violencia, la acción colectiva de las madres se convierte en un testimonio de resistencia. No se trata solo de recuperar cuerpos, sino de reconstruir la memoria y exigir responsabilidades a quienes han permitido la impunidad.

La búsqueda de sus hijos ha transformado a estas mujeres en activistas, investigadoras y defensoras de derechos humanos. A pesar del miedo y la incertidumbre, su movimiento ha demostrado que la unión puede hacer frente a la indiferencia del Estado y generar nuevas formas de justicia, donde la colectividad se convierte en la mayor fortaleza.

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