MI EXPERIENCIA EN CUARENTENA COMO AMA DE CASA

Jessenia Araiza tiene 45 años, se dedica al trabajo social y comparte con Atiempo.TV su historia durante la emergencia sanitaria del COVID-19; realidad que comparten muchas amas de casa coahuilenses.

“Entre más veo los medios, más entro en pánico.”

Me enteré por los medios de comunicación la televisión y la radio sobre el coronavirus y mi primera reacción fue de asombro y de susto. Todas las mañanas, todos los días escucho las noticias. Todo el tiempo están hablando del coronavirus, veo las noticias de las 05:30 de la mañana, inician hablando de los casos nuevos que hay, las defunciones y la prevención de lavarte las manos y usar cubre bocas. Al principio de la contingencia veía mucho las noticias, tenían una gran influencia en la casa, pero ahora le pregunto a mi esposo que es el que sale a trabajar y a mi hija que está involucrada en los medios de comunicación. La información que ellos me dan me mantiene un poco más calmada que lo que veo o escucho en la tele.

Antes de la cuarentena todos mis días eran muy ocupados, soy maestra y además estudiante. Al levantarme atendía a mi esposo, le preparaba el desayuno y la comida para el trabajo, después lo despedía junto con mis hijos. Toda la mañana y parte de la tarde estaba sola, limpiaba la casa y le dedicaba mucho tiempo a preparar mis clases y hacer mis tareas. Después hacía la comida y me arreglaba para salir. 

Antes salía cuatro o cinco veces a la semana y convivía con mis alumnos y compañeros.

Ahora, con la cuarentena sigo preparando el desayuno y el almuerzo para mi esposo, ahora me preparo un café y le ofrezco a mi hija que está trabajando desde la casa. Aunque tengo muchas cosas que hacer de mi escuela y mis clases, no quiero, no tengo ganas de hacerlo, quizás es tristeza o depresión o que ya me enganché con las series. 

“Usen lo que tengan a la mano.”

Ahora, cada vez que llega mi esposo, tengo que desinfectar sus zapatos, hacerlo que ponga su ropa al sol y pedirle que se bañe. Yo casi no salgo, únicamente para comprar comida; mi esposo tiene que llevarme en la camioneta, uso cubrebocas, trato de usar ropa que me cubra la mayoría del cuerpo y no me acerco a nadie, incluso se ve mal, por que no quiero que nadie se me acerque, por lo que trato de estar en los pasillos que están solos. Cuando llego a la casa, tengo que bañarme y ponerme ropa limpia y desinfectar cada uno de los productos con desinfectante que es agua con cloro, lo cual es un trabajo extra. No he hecho compras de pánico aunque a veces me dan ganas. Sólo, por ejemplo, en lugar de comprar dos litros de cloro ahora compro tres, para tener en reserva.   

Lo que más extraño es el contacto con las personas, yo trabajo con niños, adolescentes y adultos mayores. Cada vez que me encuentro con alguien evito saludarlos; es difícil, ya que mis quehaceres son sociales y una gran parte son las expresiones de cariño, son los abrazos. Además, desde que comenzó la cuarentena no he podido visitar a mi mamá, ella tiene 74 años, y tengo miedo de ponerla en riesgo, ir a visitarla y llevarle algún virus. Es duro, por que no es lo mismo hablarle por teléfono que darle un abrazo; cuando antes, además de visitarla, me aseguraba de que estuviera bien alimentada al menos dos días, cosa que ya no puedo hacer. 

Las medidas que está tomando el gobierno no me parecen exageradas, al contrario, siento que son muy flexibles, ya que tenemos permitido salir de la casa, sin embargo, hay personas que viven cerca de mí que siguen recibiendo visitas e incluso tienen fiestas. Tengo la oportunidad de ver en las redes sociales, en especial en YouTube personas que viven en Japón, que es un país que ha ido superando la crisis sanitaria o al menos ya los dejan salir y me doy cuenta que las medidas de protección han sido muy importantes. Yo creo que también va a pasar así aquí si seguimos las medidas de seguridad. 

“Durante este tiempo me he dado cuenta lo fácil que es el contagio, ya que trabajo con los grupos más vulnerables que son los niños y los adultos mayores, nos podemos contagiar muchos, por una sola persona”.

Como seres humanos somos muy tercos y seguimos saliendo de casa aunque nos digan que no. Hay que quedarnos en casa, aprender a convivir con nuestros hijos, en especial los que tienen hijos pequeños a tener paciencia, buscar algo interesante que ver o podemos escuchar música. Encontrar algo que nos funcione como familia. Durante la cuarentena he aprendido a cocinar más cosas, incluso pasteles y tortillas de harina.

Hay que tener fe en que esto va a pasar, pero también hay que tener conciencia de que nos podemos lastimar unos a otros siendo tan tercos. Vamos a cuidarnos, concluye.

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