SALTILLO EN GUERRA

Tenochtitlan cayó, México estaba siendo conquistado por los españoles, quienes en su cruzada por el dominio territorial se aventuraron a las partes mas lejanas del país. Su hambre por llenarse de tesoros y riquezas era insaciable, mantenían un espíritu de aventura impulsado por una especie de ambición y descubrimiento científico. En su travesía por el norte del país, los españoles llegarían al Valle de Saltillo, la ciudad que hoy conmemora 442 años desde su fundación. Una población que ha presenciado con gloria y con pena los conflictos armados y bélicos que han marcado a nuestra nación. Una urbe que se ha mantenido en constante cambio, y que a día de hoy resplandece como un monumento viviente a la memoria histórica.

Saltillo y la independencia. 

Posicionado durante la Nueva España en un gran territorio conocido como la provincia de San Francisco de Coahuila de la Nueva Extremadura, un pedazo de tierra en la cual criollos norteños representaban una gran mayoría poblacional, y donde los indios tlaxcaltecas se veían refugiados en pequeñas colonias dispersas por toda la región. Un territorio donde criollos viejos y europeos acumulaban riquezas producidas por los latifundios, mismas que les daban un poder comercial totalitario. En este contexto se fraguó una convicción en contra del movimiento independentista conformado por Hidalgo, Allende y compañía, una revolución de pensamiento e ideología que incomodaba a la élite de aquel entonces, había un modus vivendi en riesgo, se avecinaban vientos del cambio, y los españoles y su descendencia sentían temblar sus corazones.  

Como lo menciona en su libro Lucas Martínez Sánchez, la autora María Elena Santoscoy Flores, ilustra de una manera veraz la posición que tenia la élite Saltillense con respecto al movimiento independentista: 

A la fecha del levantamiento de Dolores, los comerciantes-hacendados de Saltillo (…) todos a una, demostraron un abierto rechazo por la independencia (…)”

El contexto social se encontraba efervescente, por un lado, las élites de la Villa de Saltillo temían y repudiaban el movimiento encabezado por Hidalgo, y por el otro, las familias de sirvientes, pastores y peones de toda la región se encontraban entre la espada y la pared, puesto que el movimiento insurgente arrasaría con el modo de vida de sus patrones, y por ende ellos mismos se encontrarían sin un medio para subsistir, indefensos, frente a un futuro incierto. 

Imagen de: democratanortedemexico.com

Las hojas de los arboles caían, el viento se sentía frío, la fanfarria y los festejos se llevaban a cabo, la feria de la Villa de Saltillo se encontraba en pleno apogeo, era el año de 1810. La clase privilegiada de criollos y españoles sentirían entonces la presencia incorpórea del movimiento insurgente, la piel se erizaría, y los pelos del cuerpo se mantendrían en alerta. La noticia se conocería rápido por toda la región, tropas se concentrarían en la ciudad con el único objetivo de defenderla. 700 hombres marcharon hacia el sur de Saltillo, formando un bastión de resistencia a la amenaza insurgente. Puerto de Carneros sería el lugar, a escasos kilómetros de la ciudad; el contingente se encontraba bien armado, con artillería y elementos entrenados y disciplinados para el combate. 

El ejército insurgente proveniente de Matehuala y con 7 mil elementos se encontraría cara a cara con las fuerzas realistas apostadas en Puerto de Carneros, la chispa de la independencia se esparciría, no habría combate, los criollos se unirían a sus congéneres, dejando a los españoles tiritando de pavor, mismos que salvarían sus vidas huyendo sin rumbo fijo. 

Las tropas insurgentes tomarían Saltillo, mismas que se desplegarían a lo largo del norte, con puntos focales en Monterrey y Monclova. Las regiones del noroeste se convertirían en un refugio momentáneo para los caudillos independentistas después de que fueran derrotados en manos de los realistas cerca de Guadalajara. Hidalgo y Allende, emprenderían su viaje hacia tierras Saltillenses. Allende responsabilizaría a Hidalgo por la derrota en Guadalajara, y el cura pasaría a un segundo plano, sin injerencia en el movimiento insurgente. Ignacio Allende, llegaría a la ciudad de Saltillo el 27 de febrero, donde lo recibirían a el y a sus insurgentes con gran pleitesía y júbilo. 

Hidalgo, se confinaría a sus aposentos, desolado por la remoción de su liderazgo frente al movimiento. Después de una estancia relativamente larga, los insurgentes saldrían de Saltillo, en concreto el 8 de febrero, rumbo a Estados Unidos, buscando apoyo por parte de los norteamericanos. Allende y demás en su camino hacia el norte, serian apresados en Acatita de Baján, y después de un tiempo se les juzgaría, y serian sentenciados a morir fusilados.

La intervención norteamericana

El imperialismo norteamericano cubrió de manera sombría e invasiva el territorio mexicano, la sangre brotó y nuestra nación, nuestra tierra, se vio manchada por las pisadas de un invasor que no descansaría hasta lograr sus objetivos. El ente norteamericano buscaba expandir su imperio, asegurar su dominio total por sobre el continente, y de paso, conformarse como una potencia mundial. Los norteamericanos se justificaron a si mismos, bajo una bandera de barras y estrellas que los eximía de cualquier responsabilidad, y los facultaba para emprender una cruzada que para ellos era justa y digna.

El yankee se internó en nuestro territorio, en concreto en el noreste y centro de México. Tropas estadounidenses se posicionaron en Saltillo en 1846, donde permanecieron 19 meses, mismas que tiempo después se verían en combate en La Angostura, cerca de la ciudad, en 1847. Tropas americanas iban y venían, lo cual importunaba la vida de los habitantes de la capital del Estado. El ejército estadounidense estaba lleno de voluntarios que deseaban vivir la experiencia de pertenecer a tal cruzada bélica, querían vivir la aventura de sus vidas, en una tierra lejana y desconocida para sus ojos extranjeros.

Y así como había soldados, también intelectuales, artistas y científicos norteamericanos se instalaron en la ciudad, en un afán por ser testigos de un proceso histórico como lo era una intervención. Durante la estancia del ejército estadounidense, los americanos en una acción estratégica y previniendo cualquier ataque o resistencia, establecieron un fortín en la loma al sureste del Ojo de Agua, donde se domina de una manera eficiente y total, la ciudad de Saltillo

Regimiento tras regimiento se instalaría en la ciudad de Saltillo sin prácticamente ninguna resistencia. Un soldado norteamericano, relataría que la vida en Saltillo, sin lugar a dudas era interesante, plasmando sucesos como el siguiente: 

“Presencié la ejecución de 5 hombres a las 10 de la mañana, después atendí a la iglesia a las 11, también visitaría un juzgado a las 3 de la tarde, y allí me encontraría haciendo de juez al padre que había oficiado la misa… para las 5 de la tarde se estaba llevando a cabo una carrera” 

Batalla de la Angostura

Sé presentaron, algunos tintes de confrontación y resistencia por parte de los ciudadanos de Saltillo. Constantemente hombres valientes de ambas nacionalidades se enfrentaban en las callejuelas de la ciudad, ambos defendiendo lo que ellos creían correcto, su honor, su integridad y su Patria. Inclusive, guerrillas de las cuales, algunos saltillenses formaban parte, asaltaban trenes que abastecían a las tropas invasoras. 

Como dato, Saltillo está considerada como la primera ciudad en el mundo en la cual se captaron imágenes fotográficas de una intervención militar, siendo esta la estadounidense.

Intervención francesa 

La intervención francesa fue mas pacífica, los combates y enfrentamientos se contabilizan casi a cero, la violencia con la que los americanos irrumpieron en territorio nacional, no se compara con el proceso de transición francés, un intervencionismo a cuentagotas, un cambio impositivo mucho mas fluido y silencioso, donde cierto porcentaje de la población respaldaba la intervención de los franceses, en seguimiento a un pensamiento conservador.

Los franceses, deseando aprovechar los recursos minerales del subsuelo mexicano, impulsaron una intervención en la cual Maximiliano I de Habsurgo era el principal representante. Saltillo no tuvo mucha relevancia durante la intervención francesa, puesto que no era un bastión clave para el dominio del país. La ciudad era tan imprescindible en aquel momento de la historia, que el mismo Maximiliano durante su gira por la nación, no visitó Saltillo. 

Antes de que las tropas invasoras ocuparan Saltillo, el entonces Presidente de la nación, Benito Juárez, llegó a la ciudad en su república andante, evadiendo las fuerzas invasoras, junto a su gabinete, entre los cuales figuraban los liberales rojos: Guillermo Prieto y Francisco Zarco.

Maximiliano I de Habsburgo

La ciudad de Saltillo recibió al presidente de una manera afectuosa y cálida, reiterándole su apoyo y fidelidad. Juárez y sus compañeros liberales se instalarían en una casona de la zona centro de la ciudad, misma que posteriormente se convertiría en el Recinto Cultural de Juárez. Días después, la república andante se iría de Saltillo con rumbo a Chihuahua, continuando su procesión patriótica en búsqueda de la protección de la soberanía y del gobierno legitimo. 

La revolución mexicana 

Solo se necesita un hombre para engendrar una idea, pero es necesario todo un pueblo para que esta florezca. Francisco I. Madero, un hombre que nació en Coahuila, y que creció en una familia acomodada, repleto de privilegios, tuvo una idea, una convicción, un sentimiento de cambio. Madero, un personaje de contrastes, lleno de valentía y de temor, de blancos y negros, un ser humano, encabezaría uno de los pilares ideológicos que prenderían la mecha de la revolución. Escribiría un libro llamado “La sucesión presidencial” a finales de 1909, cuyo contenido sería una crítica severa al gobierno de Porfirio Díaz. En Coahuila y gracias a Madero, comenzarían a sentarse las bases para el movimiento revolucionario que habría de estallar.

Francisco I. Madero

Años antes de la revolución, en la capital del Estado se empezó a gestar la ideología anti porfirista, con círculos de políticos y colaboradores antirreeleccionistas, el movimiento estaba en curso, un ideal en formación, un sueño de democracia. Tiempo después, en 1910, Madero visitaría Coahuila, en concreto la ciudad de Saltillo, en seguimiento a su campaña en contra de Porfirio Díaz, el revolucionario declararía su oposición al régimen dictatorial, convirtiéndose en un profeta en su propia tierra.

El plan de San Luis se instituiría tiempo después, documento que invitaba al levantamiento armado el 20 de noviembre de 1910. Los revolucionarios saltillenses, tomarían la iniciativa y promoverían el levantamiento en ciudades, municipios y comunidades aledañas, formando así una red revolucionaria que expresaba simpatía con el movimiento. Las fuerzas afines con la causa, tendrían enfrentamientos armados en toda la región sur de Saltillo. Eventualmente la revolución triunfaría y Carranza se convertiría en gobernador interino de Coahuila, y a su vez, Francisco I. Madero, ostentaría el puesto de presidente de la república. 

Comments are closed.