NIÑOS HÉROES, LA OTRA HISTORIA

La historia siempre podrá verse a través de un caleidoscopio, con un sinfín de tonalidades y formas, con versiones similares o completamente distintas entre si, la historia documenta la naturaleza y las relaciones humanas del pasado, y por tanto se presta para múltiples interpretaciones en nuestro presente. Testimonios, documentos, libros, fotografías, todo, contando una versión diferente de un mismo suceso. Sería atrevido establecer una sucesión de hechos como los definitivos, la historia no esta delimitada por un solo camino, si no por varios senderos que conducen a una aproximación de lo que fue. 

En 1846, Estados Unidos invadió a México, debido a una convicción expansionista del país vecino, que comenzaría con la adición de Texas a territorio estadounidense. Para el año de 1847, los americanos tomarían el puerto de Veracruz, y eventualmente llegarían a la capital mexicana, la cual conquistarían. 

Dentro de su cruzada por la Ciudad de México, una de las batallas que resonarían en la memoria histórica de ambos bandos, sería la de la Batalla de Chapultepec, en la cual los llamados Niños Héroes se volverían protagonistas. El imaginario mexicano nos otorgaría una versión que se impartiría en las primarias de todo el país por muchísimos años, en esta, se contaría una historia cargada de un patriotismo poético, de hazañas increíbles cargadas de valentía, realizadas por simples niños. Si bien esta versión de lo sucedido tiene el objetivo de transmitir un sentimiento de pertenencia y nacionalismo, no podría estar más alejada de la realidad. 

La versión que hemos escuchado tantos años versa en lo siguiente: Estados Unidos tenía rodeado el Castillo de Chapultepec, asediándolo con cañonazos constantes para desmoralizar a los cadetes y militares que se encontraban defendiéndolo. En la inevitable ocupación del castillo, seis niños, Juan de la BarreraAgustín MelgarFernando Montes de Oca,Vicente SuárezFrancisco MárquezJuan Escutia los cuales eran simples cadetes, tomarían las armas y se quedarían para defender a su escuela del ejército invasor. 

Los seis cadetes irían cayendo uno por uno de forma heroica y valiente, siendo Juan Escutia, el protagonista principal del mito. La versión oficial nos dice que el temerario cadete, en un intento por evitar que los estadounidenses se hicieran con la bandera mexicana, se envolvió en la misma y se tiraría de lo alto del castillo con ella. Esto último puede decirse con toda seguridad, es completamente falso.

LA OTRA HISTORIA 

El invasor no ha dejado de bombardear el Castillo de Chapultepec, lo creen una fortaleza militar, no son conscientes de que se trata de una academia. Los alumnos, escuchando los cañonazos estallar y los proyectiles caer, se encuentran refugiados en los rincones más seguros del castillo, tienen miedo, y ¿cómo culparlos? Toda la preparación militar, toda la teoría bélica, parece algo insignificante ante los 3,000 soldados del bando estadounidense, amenazando con tomar Chapultepec en cualquier momento. 

Dentro del castillo, solo hay 832 soldados, más los cadetes, los cuales se muestran aun más valientes que los militares experimentados, mismos que al anochecer del 12 de septiembre, habrían de desertar, siendo los cadetes los que permanecerían debido a un ímpetu de lucha característico de su juventud e ingenuidad. 

Es la mañana del 13 de septiembre de 1847, los americanos comienzan la marcha hacia el castillo, acompañados por la artillería que retoma su asedio en contra de Chapultepec. Derriban el primer obstáculo, una trinchera, en la cual, uno de los constructores de la misma, el teniente Juan de la Barrera de 19 años es asesinado por el enemigo, con tan solo un año de haber egresado del colegio militar. Los americanos van ganando terreno poco a poco, sin embargo, en su cruzada se encuentran con el Batallón de San Blas, enviado al castillo como refuerzo. Estos últimos son masacrados por los invasores, 370 de 400 elementos mueren en la batalla, los norteamericanos siguen su curso. 

Al observar lo inevitable, los cadetes se estremecen, sus piernas flaquean, y sus corazones palpitan con más fuerza, pero su fuego interior los saca del trance, el patriotismo y la valentía le ganan al miedo, la heroicidad se hace presente, están listos para luchar. Sin embargo, sus superiores los disuaden, unos 30 alumnos se retiran a regañadientes para bajar por una de las laderas del castillo y así escapar. Los cadetes mas tercos logran quedarse, son unos 10 o 12. 

Los americanos tienen tiro libre hacia los cadetes que se retiraron y que ahora bajan por las laderas, aquí y en medio de la refriega, los alumnos Francisco Márquez de entre 13 y 14 años y Fernando Montes de Oca de 18, caen muertos. Juan Escutia de 20, quien no era cadete del colegio militar, pero que se encontraba peleando a su lado, (probablemente elemento proveniente del Batallón de San Blas) también sería alcanzado por las balas del invasor en esta retirada. 

Los cadetes que se quedan en el castillo se parapetan en la planta alta del edificio. Entre pasillos y corredores los estudiantes y algunos miembros sobrevivientes del Batallón de San Blas empiezan a repeler al invasor, el cual ya se encontraba en los patios y estancias del castillo. En la batalla, el cadete Vicente Suárez de 14 años, se encuentra con el enemigo, se ven los rostros por un segundo, el heroísmo, la valentía y el amor por la patria pueden más que la racionalización y entonces Suárez dispara contra ellos, los embiste con su bayoneta y eventualmente cae, herido por las balas, los americanos lo superaban 10 a 1. 

Viéndose rodeados, los militares comandando la resistencia en el castillo, toman la decisión de cesar la lucha, de pronto, el sonido de las balas vuelve a escucharse por el colegio, dentro de un dormitorio y resistiendo hasta el final, el cadete Agustín Melgar de 18 años, combate a los americanos, pero eventualmente se ve superado por los invasores, y cae herido por las balas y los bayonetazos. Los norteamericanos lo llevarían a un hospital donde le amputarían una pierna para tratar de salvarle la vida, moriría durante el procedimiento. 

El heroísmo siempre estuvo presente en la Batalla de Chapultepec, los cadetes y soldados que allí murieron lo hicieron por un verdadero amor a su tierra y a su patria, la necesidad de maquillar la historia y de romantizarla, pareciera estar de más, los sucesos de aquel 13 de septiembre de 1847 hablan por si solos, ¿por qué dotarle a los niños héroes hazañas inhumanas y hollywoodenses? Cuando algo como el patriotismo nace de lo enteramente humano. Aquellos jóvenes llevaban en su corazón a México, y lo defendieron hasta el final, sin luces ni reflectores, sin hazañas rimbombantes, solamente con una convicción originada por el amor a su tierra y a su patria. 

INFORMACIÓN RECABADA DEL LIBRO: Muertes históricas de José Manuel Villalpando y Alejandro Rosas.

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