LA 4T Y EL BUEN PERIODISMO

La revista Proceso no se está portando bien, esto a juicio del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cuando hizo esta declaración en su conferencia mañanera: “La revista proceso, por ejemplo, no se portó bien con nosotros”en respuesta a un periodista de la mencionada revista que lo cuestionó con una pregunta relacionada con un escándalo político, misma que el presidente evadió, declarando que el periodismo, junto a sus buenos periodistas habían “tomado partido”. A su vez Obrador rememoro a grandes periodistas de la historia, haciendo una comparativa entre el periodismo actual y el de tiempos del México durante la intervención francesa.

Andrés Manuel López Obrador saldría victorioso de una contienda electoral nunca antes vista en la historia de México, unas elecciones que estuvieron plagadas de contrastes, los mismos, generados por una prensa que no solamente tenia a su disposición el medio impreso, si no que, a su vez, se hacía valer de las herramientas digitales como un instrumento para la opinión publica rápida y personalizada.

Una prensa que si bien, tuvo enfrentamientos y conjeturas entre ella, la misma, fue una fuerza imparable y definitiva al influir certeramente en toda la contienda electoral, y en concreto en la campaña de AMLO. Sin embargo, aquellos periodistas que de alguna u otra manera mostraron su simpatía con la 4T, hoy en día también son críticos de la misma, poniendo en practica su profesionalismo y su deber con la sociedad. 

Así que, parece un sin sentido que la 4T sea tan volátil para con la prensa del país, el gobierno de Andrés Manuel se ve renuente a las críticas, siempre a la defensiva, ¿De que sirve tener un ejercicio de transparencia como la mañaneras, si no se desea ser transparente? 

SOBRE EL BUEN PERIODISMO

La verdad esclarece, las preguntas que nacen de una mente dispuesta a ser consciente de si misma y de su entorno son clave, no solo para un examen interno, sino también, para establecer una crítica a determinado contexto social. Es importante realizar cuestionamientos a quienes nos dirigen, aquellos que por la voluntad de un pueblo están obligados a ser transparentes, gobernantes que, por deber social, están atados a sus errores, y a la acción de reconocerlos, frente al país que los eligió y que, en una completa confianza, los invistió de poder. 

Uno de los instrumentos que tienen los ciudadanos para llegar a la verdad, es el periodismo, un oficio tan antiguo como la misma humanidad, una profesión que se ha visto en continuas ocasiones manchado de sangre y oscuridad. La verdad no peca, pero incomoda, y mas a los círculos de poder; aquel que cuestiona y replantea decisiones de un gobernante o de un delincuente, o del poseedor de poder en turno, se encuentra en peligro de ser silenciado, mediante un incentivo económico, o mediante la fuerza y la violencia. El periodismo entonces se vuelve una moneda al aire, solamente alimentado por una convicción de voluntad y un espíritu temerario, o bien, dentro del otro espectro, una sumisión obligada, y un espíritu roto.

Foto: Guillermo Arias

No se debería culpar al periodista por rechazar una historia, o por verse con las manos atadas, en virtud de que el impedimento es externo, una fuerza política o delincuencial se impone frente a la voluntad periodística, es inevitable entonces, no ceder ante amenazas y bravuconerías, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión se ve coartado por un sentimiento de supervivencia, no solo para el periodista en si, sino también, para aquellos que forman parte de su círculo. 

Qué pasa entonces cuando en un país dominado por la intimidación y la violencia en contra de los periodistas, un gobierno se determina a emprender una campaña de enemistad dirigida a cualquier medio que tenga un pensamiento distinto al suyo. La cuarta transformación se ha vuelto una transición plagada de matices, tanto negros como blancos, el periodismo en México entonces se encuentra amenazado, la verdad se encuentra condicionada, la crítica imparcial se vuelve una declaración de guerra. 

EL PERIODISMO EN EL MÉXICO ACTUAL

También, hace tan solo algunos meses, Andrés Manuel, le expresaría a los periodistas presentes en el Palacio Nacional la siguiente sentencia:

“(…) si ustedes se pasan, pues ya saben ¿no? lo que sucede”

México es un país en el cual, la violencia ha mermado con creces el desarrollo íntegro y bien diligenciado de la profesión de periodismo; ejercerla, en algunos casos implica una sentencia de muerte. En México, existen los buenos periodistas, sin embargo, son pocos, aquellos lo suficientemente temerarios como para desafiar e ignorar, comandas y amenazas, capaces de posicionarse frente a la tormenta y resistirse a ser embestidos por ella.

Según la clasificación anual de Periodistas Sin Fronteras, correspondiente al año del 2019, México se encuentra entre los países donde la práctica de la profesión periodística es considerada de difícil situación, uno de los estrados mas graves en peligrosidad para la libertad de prensa.

Javier Valdez, periodista asesinado. Foto: Cultura Colectiva

El periodista contemporáneo, mismo que escribe dentro del territorio nacional, tiene iniciativa y voluntad, un hambre por ejercer su profesión y por la búsqueda de la verdad, sin embargo, cuando perseguir una historia se vuelve un peligro para su integridad y la de sus seres queridos, el periodista abandona la historia, por temor, por un sentido de auto preservación, por una cultura del miedo instituida después de tantos años de censura y violencia en contra de la profesión, y ¿cómo culparlo? ¿Cómo en México se puede dar a conocer la verdad? ¿Cómo en un país como el nuestro, se puede evidenciar al Estado? El periodista se vuelve apático, no por voluntad propia, sino por un fuerte sentido de la supervivencia. Tinta y sangre, papel y piel quemada, voces silenciadas. El buen periodismo muere en este país, literal y figurativamente, mientras el gobierno lanza amenazas desde Palacio Nacional.

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