LA EXPLOTACIÓN ÁRTICA PUEDE DAÑAR A LOS ANIMALES GRANDES Y PEQUEÑOS

A medida que el hielo marino en el Océano Ártico disminuye con el aumento de las temperaturas mundiales, se ha vuelto más fácil y común que las empresas se aventuran en la región para realizar actividades de pesca, transporte marítimo y la exploración de yacimientos de petróleo y gas. Y aunque los botes, las plataformas y otras muestras de la actividad humana se han trasladado rápidamente a este entorno frágil, los científicos apenas comienzan a comprender cómo la contaminación lumínica, acústica y química afecta al ecosistema marino del Ártico.

Algunos científicos ya comenzaron a llenar los vacíos, incluidos dos equipos que trabajan en Noruega, que presentaron nuevos hallazgos sobre el comportamiento del zooplancton y las ballenas asesinas y jorobadas durante la conferencia “Arctic Frontiers 2020”, efectuada en la ciudad de Tromsø, en enero.

Aunque parece que el zooplancton tiene poco en común con las ballenas, la investigación muestra que las criaturas en ambos extremos de la cadena alimentaria del Ártico son críticas para la salud del ecosistema marino, y comprender cómo la industria afecta a estos animales podría ayudar a informar las políticas que rigen las actividades comerciales en el Ártico.

El zooplancton se mueve en respuesta a señales de luz durante el día. Cuando sale el sol, se acerca al fondo marino para evitar a los depredadores; al ponerse, ascienden a la superficie para alimentarse. Durante un período de casi un mes llamado la noche polar, los científicos pensaron que el zooplancton simplemente dejó de moverse bajo el hielo marino, dice Jørgen Berge, taxónomo y biólogo marino de la Universidad del Ártico, en Noruega.

Sin embargo, ese pensamiento cambió después del invierno de 2007–2008, cuando Berge notó que el zooplancton en los fiordos del archipiélago de Svalbard todavía se movía hacia arriba y hacia abajo, en patrones similares a los que seguía cuando brillaba el sol.

Descubrió entonces que aún podía sentir y responder a los bajos niveles de luz de la luna, la aurora boreal y la iluminación de fondo del sol, incluso bajo gruesas capas de hielo y nieve. “Fue una sorpresa para nosotros”, dice Berge.

En un trabajo posterior demostró que otros habitantes del Ártico, como los camarones, el krill, el arenque y el bacalao, también responden a niveles de luz inferiores, lo cual le preocupó porque indicaba que los animales del Ártico son sensibles a la luz artificial, y que la exposición a la misma pudiera cambiar su comportamiento.

Demostró que la contaminación lumínica, que brilla con una intensidad y composición que no se encuentra en la naturaleza, interrumpe la producción de hormonas y el metabolismo de muchas especies de vertebrados, incluidos los peces y los humanos.

Berge supervisó cómo se movían los animales del Ártico en respuesta a las luces artificiales de su barco de investigación. Durante la noche polar de 2019, midió la masa total de los animales marinos alrededor del barco con las luces encendidas y apagadas. En cada caso, hubo una diferencia significativa.

En un lugar había casi la mitad de los animales alrededor del barco cuando se encendieron las luces. En otro, con una población animal diferente, la biomasa aumentó con las luces encendidas, una respuesta que Berge dice no es sorprendente, porque, como las polillas en tierra, algunos animales marinos se han adaptado para ser atraídos por la luz.

Esta investigación, publicada recientemente en Communications Biology, tiene fuertes implicaciones para la industria pesquera, afirma Berge. Las autoridades noruegas recopilan información sobre la abundancia de peces en el área todo el año, incluso durante la noche polar, y usan esa información para determinar los límites de pesca, pero debido a que esas evaluaciones se llevan a cabo con luces artificiales encendidas, “podría tener un fuerte sesgo, ya que la capacidad para medir y hacer buenas predicciones sobre cuánto se puede pescar podría basarse en datos de entrada incorrectos”, agrega.

Las preocupaciones de seguridad para los humanos hacen que sea poco práctico prohibir completamente la luz artificial en el Ártico, dice Berge, pero “más bien necesitamos entender qué efectos está causando la contaminación lumínica”.

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