Coahuila pertenece al desierto de Chihuahua, pero aún así, el 88.85% del territorio corresponde a terrenos forestales, de los que, un 3.3% es zona arbolada. Esta se reparte entre la sierra de Zapalinamé en Arteaga y Saltillo, La Martha y El Coahuilón, en Arteaga; La Gloria, en Monclova; La Paila, en Parras, y La Catana, en Saltillo. La flora que predomina son el matorral xerófilo, zacatales y bosques de pino y encino.

Desde 2011 y hasta el 2022, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), ha habido 962 incendios forestales, siendo los más críticos, el 2011 con 162 siniestros, y el 2022 con 102; durante estos 11 años, los incendios forestales han consumido aproximadamente 54 mil 861.25 hectáreas de arbolado adulto.

Foto de árbol quemado por un incendio en coahuila

Además, en la mayoría de los casos, los incendios provocados representan un mayor porcentaje, en comparación con los que ocurren por causas naturales; es decir, en promedio, un 60% de los incendios forestales inician por culpa del ser humano. Durante el 2021 hubo un 53 incendios, que afectaron un total de 7 mil 553.45 hectáreas, en lo que va del 2023, al corte del 23 de marzo han ocurrido un total de ocho incendios en el estado.

De la oficina al fuego

De acuerdo con Eglantina Canales Gutiérrez, responsable de la Secretaría de Medio Ambiente de Coahuila, hay alrededor de 500 brigadistas, entre integrantes de la CONAFOR, Estado, municipios y brigadas de asociaciones civiles o grupos de productores; además de la contratación temporal; todos ellos están preparados para entrar en combate. La Comisión Nacional Forestal reportó este año que existen 52 brigadistas de la CONAFOR, seis rurales estatales, 21 rurales municipales y dos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), ocho del Gobierno del Estado, 19 del Gobierno Municipal, 23 de Protección Civil municipal, 14 voluntarios, 21 propietarios de terrenos forestales y 17 de ONG´s. Es decir, si actualmente hay un incendio, habría solo 198 brigadistas para combate, más los que se sumen por contratación temporal y los que decidan envíar las instancias federales.

Los brigadistas siempre deben estar preparados para el combate de incendios, ya que nunca se sabe cuándo puede ocurrir uno. Al llegar al campamento del área del siniestro, se informa si necesitan más personal y días adicionales. Cuando salen de su hogar, solo llevan su lonchera básica de un día, pero si la operación se extiende, la Secretaría de Medio Ambiente es la encargada de proporcionarles el alimento diario.

Brigadista contra incendios en Coahuila

Juan Manuel González Ledezma (“Don Mey”) y Abraham Reyes Machuca, brigadistas del Gobierno del Estado, atendieron el incendio en La Pinalosa, en Arteaga. “Don Mey” lleva 25 años como brigadista; antes era herrero y le gustaba el senderismo. Cuando se formó la brigada contra incendios del Estado, cerró su taller y comenzó su labor uniformado con un traje amarillo.

Don Machuca lleva 22 años como brigadista, después de haber estado 20 años en el Ejército, donde recibió capacitación para el combate de incendios, desde entonces, nació su amor por atender emergencias de este tipo.

Ambos tienen el apoyo de sus esposas e hijas, y cuando salen de casa, siempre les piden que se cuiden; sus familias están preparadas para saber que ellos tienen que actuar en caso de una emergencia. En todo momento, los han apoyado pese a los riesgos económicos, físicos y emocionales que conlleva ser brigadista.

El pasado 16 de marzo de 2021, un grupo de amigos causó un incendio en una cabaña ubicada en La Pinalosa, una zona de la sierra de Arteaga, Coahuila. El fuego arrasó con 3 mil 800 hectáreas de flora y fauna local. En Semana Santa, los presuntos responsables decidieron reunirse en la cabaña propiedad de Adrián "N" para hacer una barbacoa, pero, al retirarse, arrojaron el carbón utilizado a un costado del asador, sin percatarse de que no estaba completamente apagado.

En menos de una hora, las hojas secas y la madera cercana comenzaron a arder con los restos del carbón. Ese día, también había fuertes ráfagas de viento, lo que provocó que el fuego se extendiera a más de 8 mil hectáreas, abarcando territorios de Coahuila y Nuevo León. En nuestro estado, el incendio logró ser sofocado en 21 días gracias al arduo trabajo de los brigadistas.

La zona donde tuvo lugar el incendio presenta una topografía montañosa y compacta con los picos más elevados de Coahuila, alcanzando hasta los 3 mil metros sobre el nivel del mar. El terreno complicó las labores de combate aéreo, lo que llevó a los brigadistas a trabajar mayormente por tierra. Canales Gutiérrez, explicó que el control del fuego fue especialmente difícil debido a estas condiciones y que se necesitó casi un mes de combate, muchos recursos humanos, financieros y de combustible, además de la contratación de una aeronave estadounidense para ayudar a sofocar las llamas.

Para combatir los incendios de ese año en el estado, entraron mil 106 brigadistas de CONAFOR, 378 rurales estatales, 211 rurales municipales, 49 de servicios ambientales, 75 de compensación ambiental, 426 de CONANP, 4 mil 679 de la SEDENA, mil 125 de la Guardia Nacional, 447 de dependencias federales, 303 de Protección Civil municipal, 918 de Gobierno Municipal y 767 de Gobierno del Estado; entre estos últimos “Don Mey” y don Machuca.

Aquel 16 de marzo, cuando inició el incendio en La Pinalosa, primeramente entraron los brigadistas rurales mientras se les daba aviso a los demás organismos. “Don Mey” y Machuca estaban teniendo un día normal en la oficina con su calentamiento y acondicionamiento y actividades diarias cuando les avisaron que había un incendio en dicho predio.

Infierno verde: la lucha de los brigadistas

Los brigadistas forestales son aquellos trabajadores encargados de proteger de los incendios, los bosques y las áreas naturales del país, entre otras labores. Según “Don Mey”, uno de estos trabajadores, el contrato establece una jornada laboral de siete horas diarias, pero la realidad es que, después de ese tiempo, ellos continúan trabajando de forma voluntaria.

Es importante destacar que, en este tipo de trabajos, no existen pagos por el combate de incendios, ya que, como señala, el tiempo perdido no se recupera, por lo tanto, se necesita tener una vocación y amor por el trabajo para poder llevarlo a cabo. De hecho, Juan Manuel González destaca que este trabajo es solo para "locos" que aman la naturaleza.

A pesar de lo anterior, los brigadistas cuentan con servicios de salud en caso de accidentes, ya que tienen acceso al ISSSTE para recibir primeros auxilios. En caso de necesitar atención especializada, pueden acudir a hospitales como el Muguerza o la clínica La Concepción.

Los brigadistas no solo se dedican a combatir incendios, sino que también realizan labores de limpieza en escuelas, arroyos, terrenos baldíos, búsqueda y rescate de personas, tala y limpieza de áreas, así como atención durante desastres naturales. Además, participan en la protección del oso negro, al acudir a los reportes de conflictos con estos animales. En ocasiones, también se desempeñan como choferes del personal de la Secretaría del Medio Ambiente.

A pesar de que la tecnología ha ayudado en ciertas tareas, como la toma de fotografías y la elaboración de informes, el trabajo manual es indispensable en el combate de incendios forestales. Según “Don Mey”, aunque existen herramientas como el helicóptero y el agua de la lluvia, siempre es necesario contar con personal presente para remover la tierra y hacer efectiva la humedad generada por el agua en la lucha contra el fuego.

En el ámbito de los incendios forestales, la experiencia y la pasión son elementos fundamentales para poder enfrentar situaciones de peligro con seguridad y eficacia. En este sentido, don Machuca, un experimentado brigadista, ha señalado la importancia de entender que en un incendio hay que temer más al fuego que a las personas o animales, ya que estos últimos pueden avisar antes de atacar, mientras que el fuego y el aire no dan ninguna señal previa.

Para poder trabajar en un incendio, se requiere de tres elementos clave: la topografía, la situación climatológica y el tipo de combustible presente en la zona; sin embargo, en algunos casos, estas condiciones pueden ser extremadamente difíciles, como ocurrió en la zona de La Pinalosa, donde el aire, el calor y la humedad, dificultaron el trabajo de los brigadistas, aunado a la topografía accidentada del terreno.

El sotol y los pinos son dos de los elementos más comunes en los incendios forestales en México; sin embargo, ambos tienen propiedades químicas que los hacen altamente inflamables y difíciles de apagar. El sotol, por ejemplo, puede arder durante días y, debido a la forma de su raíz, puede seguir prendiendo la zona aún después de que las llamas hayan sido apagadas. Por su parte, los pinos expulsan trementina cuando se incendian, la cual también es altamente inflamable y puede causar explosiones que expanden aún más el fuego.

El viento juega un papel importante en la propagación del fuego, ya que desplaza el aire caliente y hace que las llamas se extiendan con mayor rapidez; y, aunque los forestales reciben información detallada sobre las propiedades químicas de los elementos que suelen arder en los incendios, es la experiencia en el campo lo que les permite conocer a profundidad cómo se comporta el fuego y cómo deben actuar para combatirlo de manera efectiva.

La seguridad personal es la prioridad número uno en cualquier situación de emergencia, ya que las vidas humanas no pueden ser reemplazadas; aunque es necesario trabajar con todo lo que se tenga a disposición para controlar el incendio, lo que se tenga que quemar se quemará, es por eso que es importante tener un enfoque de seguridad primero y actuar con prudencia y precaución en todo momento.

Los brigadistas deben estar preparados para enfrentar cualquier situación, llevando una mochila consigo con todo lo necesario para sobrevivir en el bosque durante varias horas, desde herramientas y cuerdas hasta productos de higiene personal y cambio de ropa interior. Cada brigadista tiene sus propias técnicas de supervivencia, como llevar una piedra en la boca para combatir la sed.

En cuanto al trabajo en sí, los brigadistas se dividen en grupos para poder combatir el incendio de manera más eficiente; en algunos casos, como en los cañones, es imposible combatir directamente el fuego debido a la geografía de la zona, por lo que se utilizan ataques indirectos, como abrir brechas cortafuegos. Es recomendable comenzar por la cola del incendio y trabajar hacia la cabeza, y la franja que van haciendo, también sirve como ruta de escape.

Los incendios forestales son un problema complejo que requiere de la colaboración de todas las partes interesadas, desde las brigadas comunitarias hasta los gobiernos locales y estatales. En La Pinalosa, por ejemplo, participaron brigadas comunitarias, los gobiernos Municipal, Estatal y Federal; pero las malas decisiones en los puestos de mando pueden poner en riesgo a los brigadistas, por lo que es importante tener una coordinación efectiva y tomar decisiones informadas.

“Don Mey” relató una vez cómo perdieron a un compañero debido a decisiones imprudentes en una situación de emergencia. Además, don Machucal, contó su experiencia cercana a la muerte cuando estuvo a punto de ser atrapado por el fuego en La Pinalosa.

Fuego en el alma: el legado de los brigadistas

Aunque la labor de combatir incendios forestales es noble y apasionante, no todo es color de rosa para quienes se dedican a ella, muchos de los elementos que forman parte de las brigadas forestales enfrentan duras condiciones laborales que los hacen replantearse su vocación.

Uno de los principales motivos por los que algunos desertan de las brigadas, es la falta de recursos económicos, ya que, a pesar de que los bomberos forestales se entregan por completo a su labor, sus salarios modestos no compensan adecuadamente el esfuerzo y dedicación que ponen en cada uno de los incendios que combaten; además, la falta de uniformes y equipo nuevo, sumada a las largas jornadas de trabajo, también contribuyen a desmotivar a algunos de los integrantes de estas cuadrillas.

Ellos suelen pasar de uno a dos meses en el campo, donde tienen que vivir en campamentos improvisados y luchar contra el fuego día. En estos campamentos, los bomberos tienen una mochila con artículos personales, como ropa interior y productos de higiene personal, ya que el agua ya no es suficiente para mantenerse limpios. Sorprendentemente, la ropa interior, los artículos de higiene y los refrescos son un elemento vital para su supervivencia, ya que les proporcionan la energía necesaria para trabajar durante largas horas bajo condiciones extremas.

Dentro de las brigadas de combate de incendios forestales, no todo es tristeza y drama; estos valientes elementos encuentran una segunda familia entre ellos, donde se brindan apoyo mutuo y se dan ánimos cuando sienten que ya no pueden seguir. En medio del combate, cantan canciones para mantenerse motivados, mientras que en los campamentos o durante las rutas de traslado, comparten chistes y anécdotas para mantener el ánimo elevado.

A pesar de que en el momento del combate deben mantener la cabeza fría y enfocarse únicamente en la tarea encomendada, en los cortos periodos de descanso, muchos de ellos reflexionan sobre el tiempo que invierten en estas arduas labores.

Es admirable cómo, a pesar de las adversidades y los peligros que enfrentan día a día, los miembros de las brigadas de combate de incendios forestales encuentran en su labor una fuente de camaradería y apoyo mutuo, convirtiéndose en una verdadera familia que se mantiene unida y fuerte ante cualquier adversidad.

Recomendaciones finales

Es fundamental reconocer el arduo trabajo que realizan los brigadistas forestales, quienes se dedican a la protección de nuestro patrimonio natural y biodiversidad. Para ser brigadista se requiere una gran vocación de servicio y amor por la labor que realizan, pues se enfrentan a condiciones climáticas extremas y peligrosas para su integridad física.

En esta temporada de mayor riesgo de incendios forestales, es esencial que todos pongamos de nuestra parte para evitar su propagación y minimizar su impacto en el medio ambiente y en nuestra comunidad; esto implica respetar las normas establecidas, como no encender fogatas en el campo o zonas serranas, no hacer carnes asadas, recoger la basura y reportar cualquier indicio de incendio a las autoridades competentes.

También es importante que reconozcamos las necesidades de los brigadistas y que apoyemos en la medida de lo posible para mejorar sus condiciones laborales y garantizar su seguridad en el desempeño de su trabajo. Asimismo, debemos valorar el trabajo que realizan y agradecerles por su dedicación y compromiso con la protección de nuestro medio ambiente.

De acuerdo con la funcionaria estatal, Eglantina Canales, y Sofía Franco, directora de Medio Ambiente y Espacios Urbanos del Municipio de Saltillo, trabajan en conjunto en el tema preventivo, y cuentan con programas de reforestación en puntos cercanos para recuperar la biodiversidad. Es importante recordar que una vez que se enciende la sierra, se está hablando del oxígeno y la biodiversidad de todo un ecosistema, por lo que es vital tomar medidas de prevención y conciencia.

En cuanto a los costos de los operativos, Eglantina Canales señala que la Comisión Nacional Forestal y el Gobierno del Estado destinan alrededor de 8 millones de pesos para iniciar las brigadas, el equipamiento y la movilización del operativo; sin embargo, esta suma puede aumentar en función de la cantidad de siniestros que se presenten.

En caso de avistamiento de un incendio forestal, es importante reportarlo inmediatamente al 911 o a la Secretaría de Medio Ambiente y alejarse del lugar. Los brigadistas son expertos en su labor, y es necesario dejarlos trabajar; la comunidad puede apoyar desde abajo para enviar ayuda, alimentos y estar pendiente de la llegada de los brigadistas.

Es responsabilidad de todos proteger nuestro medio ambiente y preservar la biodiversidad de nuestro planeta. Tomar medidas de prevención y conciencia es fundamental para evitar la propagación de incendios forestales y asegurar la supervivencia de nuestro ecosistema.