Morir de demencia, parece un término novelesco, no podemos imaginarnos un acta de defunción en pleno siglo XXI que mencione esto. Sin embargo, los coahuilenses mueren por demencia y trastornos del humor, los más comunes: ansiedad, depresión y bipolaridad. Y no es que esta sea la causa final de muerte, pero sí el detonante que llevó a las personas a morir por las complicaciones de la enfermedad, entre ellas el suicidio. 

“Tenía 8 años cuando me diagnosticaron. A veces, cuando la oscuridad es muy profunda, pienso en hacerme daño. Aunque esos pensamientos me asustan, no he llegado a intentarlo. Pero esa lucha está ahí, en el fondo, como una sombra constante.” — Paciente 08

El sistema de salud en Coahuila, específicamente el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se enfrenta a una realidad inquietante: tan solo tres médicos especialistas en psiquiatría se encargan de atender a los pacientes. Tres especialistas, dos en el Hospital General nº1 y uno en el hospital general nº2 ambos en Saltillo, y una única cama psiquiátrica para todo un estado. Quienes pueden, buscan en la medicina privada una salida; los demás quedan a merced de un vacío, empeorando a la sombra de una atención que nunca llega.

Es un hecho innegable: la salud mental es tan vital como el oxígeno, un pilar del bienestar colectivo. Sin embargo, en Coahuila como en casi todas las regiones de México, los trastornos mentales se quedan relegados a un rincón oscuro, sin los recursos necesarios ni la atención digna que merece cualquier enfermedad. El diagnóstico tardío y la falta de tratamiento no son accidentes aislados; son parte de un sistema que deja a sus ciudadanos sin opciones, sin medicamentos, sin esperanza.

“Hubo un tiempo donde viví sola, y no quise asistir a consultas ni comprar medicamentos, en ese entonces no tenía dinero, y yo pensaba o comemos o pago especialistas y tratamientos, esto solo agravó mi salud.” — Paciente 70

En 2022, las cifras nacionales ya pintaban un cuadro inquietante. Según el INEGI, México registró 847,716 defunciones. De estas, 5,130 fueron por trastornos mentales y del comportamiento, una cifra que parece mínima en el gran esquema, apenas el 0.6% del total. Pero son vidas, no números. En Coahuila, se sumaron 95 de estas muertes, dejando al estado en el decimoctavo lugar a nivel nacional. ¿Cuántas más se necesitarán para que este problema deje de ser una sombra y se enfrente de frente?

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La Ley General de Salud en México pone relevancia en la atención a la salud mental de los mexicanos, pero la realidad de la atención dista mucho de la Ley. El Artículo 2º de la Ley estipula que el bienestar físico y mental de las personas forma parte fundamental del derecho a la protección de la salud que el estado debe de brindar a los mexicanos. 

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El Capítulo VII de la misma Ley en su Artículo 72 establece:

La salud mental y la prevención de las adicciones tendrán carácter prioritario dentro de las políticas de salud y deberán brindarse conforme a lo establecido en la Constitución y en los tratados internacionales en materia de derechos humanos. El Estado garantizará el acceso universal, igualitario y equitativo a la atención de la salud mental y de las adicciones a las personas en el territorio nacional.

Toda persona tiene derecho a gozar del más alto nivel posible de salud mental, sin discriminación por motivos de origen étnico o nacional, el color de piel, la cultura, el sexo, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, económica, de salud o jurídica, la religión, la apariencia física, las características genéticas, la situación migratoria, el embarazo, la lengua, las opiniones, las preferencias sexuales, la identidad, la expresión de género, la filiación política, el estado civil, el idioma, los antecedentes penales o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Son cosas de la edad. 

“Yo soy la paciente número 70, muy relacionado con mi número de expediente, un expediente que es reflejo preciso de la deficiente atención médica para pacientes con enfermedades mentales. Asistí por primera vez al IMSS en septiembre de 2022, después de un segundo intento de suicidio. Desde los 11 años había acudido a psicólogos por trastornos del sueño, y entre los 17 y 22 años visité a varios psiquiatras, pero ninguno parecía “darle al clavo”. Solo una especialista, en una ocasión, me describió como potencial suicida. Sin embargo, al ser referida al hospital psiquiátrico de la ciudad, el médico de urgencias lo minimizó diciendo que era "cosa de la edad". El especialista que comenzó a atenderme después me llamó "chiflada" y afirmó que mis crisis eran sólo actuaciones o cosas de la edad. Tras esto, decidí abandonar todo tratamiento y mi salud mental empeoró.” — Paciente 70

El IMSS, tropieza gravemente al intentar ofrecer atención de calidad a quienes sufren enfermedades psiquiátricas. Para aquellos que no pueden permitirse el lujo de un servicio privado, las barreras son casi insuperables. Tratar un trastorno como la depresión o la ansiedad en la medicina privada puede llegar a costar entre 5 y 11 mil pesos mensuales. Un precio elevado económico que se suma al “pago” emocional con el que ya cargan. 

“Aun así, sigo mi tratamiento médico, aunque conseguir los medicamentos ha sido un reto. He tenido que ahorrar mucho para poder costear mi salud, alrededor del 50% de mi sueldo lo tengo que destinar a medicina y citas con doctores.” — Paciente 15

NO HAY DONDE ATENDERSE

La salud mental en Coahuila se enfrenta a una pared aún más alta: el acceso limitado a servicios especializados. Faltan manos expertas. Según la Secretaría de Salud, hay solo 33 hospitales psiquiátricos en todo el país, y la escasez es palpable en regiones como Coahuila. El IMSS, el pilar de la atención médica pública, está desbordado. Apenas cuenta con camas suficientes para hospitalizar a pacientes psiquiátricos. Aquí, los números no son estadísticas, son personas dejadas a su suerte, invisibilizadas por la insuficiencia de un sistema que parece mirar hacia otro lado.

“`Paciente 70? sigue usted… fue lo que escuche al estar sentada en esa banca de madera, observando el techo lleno de humedad con la pintura caerse, rodeada de madres jóvenes, niños enfermos y trabajadores esperando una incapacidad..70 es el número de veces que marque a la líne de la vida, 70 es el número de veces que rogué al cielo entender lo que me pasaba, 70 es el número con que termina mi expediente.” — Paciente 70

En Coahuila, quienes padecen trastornos mentales graves enfrentan un callejón sin salida. Con solo dos instituciones para atención especializada, el Centro de Salud Mental (CESAME) en Saltillo y el Hospital Psiquiátrico en Parras, la capacidad es insuficiente para la creciente demanda. Las opciones se reducen: o se buscan costosos servicios privados, o se emprende un viaje a otras entidades federativas en busca de ayuda. El sistema parece incapaz de sostener a quienes más lo necesitan, dejando a muchos en un vacío de atención.

“Desde los ocho años, supe que algo en mí no funcionaba como los demás. Me diagnosticaron depresión y ansiedad, y vivir con eso es como cargar con una nube oscura que a veces simplemente no se va. Cuando tengo acceso a mi medicación, todo parece normal, casi como si la nube se disipara, pero sin el medicamento… me cuesta mucho levantarme o seguir una rutina. Hay días en los que el simple hecho de empezar me resulta imposible.” — Paciente 08

Algunas personas en Coahuila buscan refugio en albergues como la Casa de la Madre Lola en Torreón, donde quienes padecen enfermedades mentales graves son acogidos. Sin embargo, estos centros, carentes de recursos y personal especializado, a menudo no logran brindar la atención necesaria. 

Este vacío de infraestructura afecta no solo a quienes ya están diagnosticados, sino también a quienes podrían haber sido diagnosticados a tiempo. Las enfermedades mentales no tratadas se agravan con los años, convirtiéndo el olvido en un lujo caro y peligroso.

“Dos, un número extraño, un número par que indica que todo está bien, pero en mi caso no, dos fueron las veces que quise desaparecer, solo dos semanas de diferencia separan estos intentos.” — Paciente 2

En Coahuila, la mitad de las personas que fallecieron por enfermedades mentales no contaban con asistencia social: el 50.5% murió sin acceso a servicios de salud, lo que posiblemente afectó su capacidad de recibir un diagnóstico temprano o tratamiento adecuado. 

“Sentía que sobraba, que mi ausencia no sería notada, y esos pensamientos se intensificaron sin razón aparente.” — Paciente 12

Entre los fallecidos, un 21.4% tenía cobertura del IMSS, mientras que un 5.0% pertenecía al ISSSTE, y apenas un 2.4% estaba afiliado al sistema equivalente al Seguro Popular. Solo un 1.2% de los casos estaba bajo el programa IMSS Bienestar, revelando la vulnerabilidad de estas poblaciones desatendidas.

Ya no habrá más hospitales psiquiátricos en México. En abril del 2022 se aprobó una reforma a la Ley General de Salud que establece que el gobierno ya no deberá de invertir en la construcción de hospitales psiquiátricos especializados, con la finalidad de eliminar el modelo de asilar dice la Ley. Los actuales hospitales psiquiátricos deberán, progresivamente convertirse en centros de salud ambulatorios o en hospitales generales, mientras que todo hospital general deberá tener espacios especializados para la atención de la salud mental. Nuevamente el papel le queda muy grande a la realidad. 

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EL COSTO DE TENER UN TRASTORNO MENTAL

“Si afectó la economía, reducimos algunas cosas que veíamos no tan necesarias.” — Familiar 2
“Tuvimos que trabajar horas extras.” — Familiar 1
“Tenía que pagar mi tratamiento.” — Paciente 15
“Pareciera que se tratará de un lujo, mientras muchas personas ahorran para viajes o compras de carros o casas, nosotros tenemos que ahorrar para medicinas.” — Familiar 6

Además de la limitada disponibilidad de servicios de salud mental en Coahuila, los costos de tratamiento agravan aún más la situación. Medicamentos, hospitalizaciones y consultas privadas se suman a una carga económica que muchas familias no pueden soportar. A esto se añade la pérdida de ingresos cuando los pacientes no pueden trabajar debido a su condición.

Así, el tratamiento de enfermedades mentales no solo se convierte en una cuestión de salud, sino también en una lucha económica, donde la falta de apoyo adecuado profundiza la precariedad de quienes más lo necesitan.

“Eran y son tratamientos muy caros, desde una consulta hasta conseguir los medicamentos que no son nada baratos. Si, si fue difícil, tuvimos apoyo de familiares también.” — Familiar 2

El costo estimado se realizó basándonos  en el Catálogo Maestro de Guías de Práctica

Clínica del IMSS, donde detallan el diagnóstico y tratamiento para cada uno de estos trastornos.

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El pobre y con bajos ingresos sin derecho a enfermarse

“Ahora mismo no tengo tratamiento porque no puedo costearlo. A veces siento que estoy atrapado en un ciclo donde no puedo seguir adelante sin ayuda, pero conseguir esa ayuda está fuera de mi alcance.”-

Para las personas que viven con demencia, trastorno bipolar, depresión o ansiedad, el costo mensual de medicamentos y tratamientos puede exceder fácilmente los $5,000 MXN. Esto significa que alguien que gana el salario mínimo en México mensual, fijado en $7,468 MXN para 2024, estaría destinando alrededor del 66% de su ingreso solo para su atención médica. 

“Aunque he recibido una buena atención, conseguir los medicamentos que necesito es complicado.” — Paciente 22

A esta carga económica se suma el desabasto de medicamentos, con un 98% de recetas no surtidas por el IMSS en 2023, de acuerdo con el Informe de cero desabasto, lo que interrumpe tratamientos cruciales. Este escenario empuja a muchas familias en Coahuila a enfrentar "gastos catastróficos" en salud, obligándolas a endeudarse o a renunciar a otras necesidades básicas.

Las experiencias de los pacientes revelan cómo el acceso a la atención psiquiátrica en el IMSS está plagado de problemas de disponibilidad, tiempos de espera prolongados y costos adicionales. La paciente 70, por ejemplo, describe haber esperado meses para una consulta psiquiátrica, sólo para descubrir que los medicamentos esenciales no estaban disponibles regularmente, obligándola a seguir pagando tratamientos privados: 

“Al acudir a la farmacia del IMSS, me informaron que uno de los medicamentos no estaba disponible y que debía regresar una semana después.” — Paciente 70

La paciente 2 tuvo una experiencia similar cuando acudió al IMSS tras un intento de suicidio. A pesar de la urgencia de la situación, el personal médico buscó en Google los efectos de la sobredosis que ella misma describía, evidenciando la falta de capacitación o conocimiento adecuado: 

“El médico, al no conocer los efectos del medicamento, buscó en Google las consecuencias de una sobredosis. Después, preguntó a mi acompañante si había visto las cajas o las pastillas ingeridas, a lo que ella respondió que no. Luego de esto, el médico volvió a mirar su computadora y nos pidió que esperamos en la sala, añadiendo que había muchos pacientes antes de mi.” — Paciente 2

El IMSS, que debería ser una opción accesible, a menudo no es suficiente para las necesidades de salud mental de los pacientes, quienes deben lidiar con las deficiencias del sistema o buscar atención costosa por fuera, lo que resulta en una carga emocional y financiera desmedida.

“La verdadera pesadilla ocurrió a mediados de 2024, cuando en una cita mensual, el médico familiar me informó que uno de los medicamentos ya no aparecía en el expediente, debido a la falta de autorización del especialista, a quien no vería hasta el año siguiente. El médico familiar tuvo que emitir una contrarreferencia médica y solicitar la autorización de la coordinación para que yo pudiera surtir el medicamento. La primera vez no hubo inconvenientes, pero tres meses después, al repetir el proceso, la situación empeoró. El personal de la farmacia inicialmente me negó el medicamento, obligándome a acudir a la dirección médica del hospital de especialidades, donde me autorizaron el suministro. Sin embargo, tanto la farmacia como la coordinación médica de mi clínica continuaron negándome el medicamento. Esto desató una crisis disociativa que resultó en un tercer intento de suicidio no premeditado y semanas de crisis depresivas.” — Paciente 70

Un médico anónimo del IMSS confirmó que los problemas con la disponibilidad de medicamentos son comunes en la institución. Además de que desaparecen del expediente de los pacientes sin justificación, medicamentos supuestamente controlados son negados, aunque no lo sean. Los médicos han solicitado en repetidas ocasiones mayor abasto, pero la respuesta ha sido insuficiente. A esto se suma la falta de insumos para las consultas, por lo que deben utilizar materiales propios, y la negligencia hacia las quejas sobre las instalaciones deterioradas, falta de espacio y escasez de personal especializado.

“Fue un psiquiatra del sistema público quien me diagnosticó. Aunque agradezco la atención, tengo que decir que la experiencia ha sido bastante deficiente. Si tuviera los medios, sin duda optaría por atención privada.” — Paciente 15

En un caso específico, el expediente de la paciente muestra que su tratamiento desapareció sin ser consultada ni informada del cambio.

CONTRASTES  

Los testimonios revelan grietas en el sistema. Pacientes como los atendidos por el IMSS ven demoras en diagnósticos y tratamientos. En cambio, en la Cruz Roja, la agilidad y la ausencia de burocracia marcan una diferencia abismal. El DIF, por su parte, ofrece un enfoque más preventivo, constante, reflejando un sistema que aunque pequeño, no es indiferente.

SER ESPECTADOR 

“Es una angustia, una incertidumbre saber que podría volver a pasar…” — Familiar 1

Vivir con un familiar que sufre un trastorno mental es una experiencia que transforma profundamente la vida de quienes lo rodean.Cuidar a una persona con un trastorno mental o que ha sobrevivido a un intento de suicidio impone una carga emocional, física y económica significativa para las familias. 

“Pues en general estuvimos más pendientes de todo lo relacionado con la persona, llegó un momento en que todo se realizaba conforme a las necesidades de esa persona.” — Familiar 3

Los testimonios de familiares hablan del agotamiento diario al enfrentar cambios de humor, aislamiento y episodios de crisis, lo que genera una constante incertidumbre. A nivel físico, la demanda de atención continua interrumpe la vida cotidiana, afectando el sueño y la salud de los cuidadores. El impacto financiero es también grave, ya que los tratamientos son costosos y, en muchos casos, insuficientes.

“Que complicado, más para mis papás, creo que llegó un punto en el que solo nos preocupábamos por el bienestar de la persona y no por el nuestro.” — Familiar 3
“...Pues era a veces abandonar a medio turno la jornada laboral.” — Familiar 1

Los diferentes especialistas entrevistados para este reportaje coinciden en que en las familias que no reciben suficiente apoyo, empeora su situación. 

“…Sin embargo, como madre, tuve que renunciar a varios empleos para estar en casa y cuidar de él.” — Familiar 4

Emocionalmente, convivir con alguien que enfrenta crisis agudas puede ser abrumador, entender el problema y saber cómo ayudar. 

Aunque es agotador, lo hacen por amor, pero eso no aligera el peso que llevan día a día. De esta experiencia, coinciden en que han aprendido que la salud mental no debe ser estigmatizada. Han aceptado que cualquier persona puede atravesar un trastorno y que lo más valioso es el apoyo inquebrantable.

“Como todo proceso, tiene sus altas y sus bajas, pero jamás te rindas y apoya siempre a tu familiar, solamente con escucharlo puedes salvar su vida y para que él esté bien, tú también debes estarlo, cuídate y procura tu salud mental también.” — Familiar 3

Las cifras no mienten, pero tampoco revelan todo. El 35.9% de quienes fallecieron por trastornos mentales eran solteros. El 21.5%, viudos. La conexión entre el estado civil y la salud mental es una telaraña compleja que merece ser explorada. ¿Qué papel juega el aislamiento, la soledad, en el desenlace fatal de estas historias? El matrimonio no es garantía de estabilidad emocional. El 22.7% de los fallecidos estaban casados. Estas relaciones humanas, sus vacíos y fracasos, revelan que el apoyo social es tan vital como el oxígeno para quienes batallan con trastornos mentales.

“Nos ha afectado la relación en el ámbito de que no se toca el tema o se trata de ocultar lo sucedido aislado a la persona afectada repentinamente.” — Familiar 5

En la danza de estos números, se observa cómo el apoyo emocional y la estabilidad de las relaciones son decisivos. El 8.3% de las víctimas vivían en unión libre, mientras que apenas un 2.1% eran divorciados. Pero la soledad no es solo una cuestión de compañía física, sino de un vacío emocional profundo. Estos porcentajes, más allá de ser fríos datos, exponen lo que muchas familias ya conocen: la lucha por mantener una red de apoyo para sus seres queridos puede ser un desafío insuperable.

“Nunca imaginé que alguien en mi familia tendría esos pensamientos. Desde entonces, he intentado sobrellevarlo, aunque es duro saber que, en su soledad, él pensaba en cómo quitarse la vida.” — Familiar 4
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Lo que se vislumbra en estas estadísticas es la necesidad de una intervención integral. No basta con tratamientos médicos. El sistema de salud debe reconocer que la mente humana no solo requiere fármacos, sino un tejido social que sostenga a quienes no pueden sostenerse a sí mismos. Las cifras revelan que aquellos que carecen de un entorno afectivo sólido, como los solteros y viudos, enfrentan una batalla más feroz.

MARCO LEGAL Y LABORAL

“Es aliviador no tener que esconderme para tomar mi tratamiento y poder decir abiertamente “hoy no estoy bien” y que nadie me juzgue por ello.” — Paciente 70

En 2024, México finalmente reconoció en su Ley Federal del Trabajo algunos trastornos mentales como enfermedades laborales. Un paso crucial, sí, pero en la práctica, ¿qué ha cambiado realmente? Depresión, ansiedad severa y otros trastornos ahora permiten incapacidades. El derecho está en papel, pero la realidad es otra: "Muchos pacientes reportan que sus trastornos no son tomados en serio." La burocracia sigue siendo una barrera insuperable.

La tragedia se oculta en los números. "Las ocupaciones con mayor número de defunciones," señala el informe, abarcan a trabajadores agrícolas, en construcción, e incluso conductores de transporte. Jornadas agotadoras y presiones sociales se convierten en el detonante silencioso de crisis mentales que rara vez se reconocen o atienden a tiempo. 

CONVERTIR EL DOLOR EN PREVENCIÓN  

El dolor, cuando se convierte en un motor para la prevención, es capaz de cambiar vidas. La fundación Hacer Más Alfonso Cepeda Martínez, liderada por la doctora Yaocihuatl Martínez, surgió de una tragedia familiar, transformando el duelo en acción

Su enfoque va más allá de la atención inmediata; busca evitar que otros lleguen al borde. Con una red de especialistas, acompañan a quienes, tras sobrevivir a un intento, necesitan comprender que su vida tiene aún sentido.

“Así como hemos sido tan abiertos en la diversidad sexual, yo quisiera o pensaría que pudiera ser igual", dice. Acompañar a quienes sobreviven al suicidio y, sobre todo, a sus familias, es su tarea diaria. No evitar el tema, sino enfrentarlo.

Hacer más lucha por un espacio en las escuelas. Cada conversación sobre suicidio es una vida que quizá no se apague. En su trabajo, se desafía la creencia popular: "hablar de suicidio no incita al acto." 

La misión de Hacer Más es clara: llevar la conversación sobre salud mental y suicidio a las escuelas, a las familias, a donde sea necesario. Porque, tal como señala la doctora, la clave no es ignorar el dolor, sino abordarlo con valentía. Como sociedad, aún tenemos miedo de hablar sobre lo invisible: las enfermedades mentales. Pero cada palabra dicha a tiempo es una vida salvada.

HISTORIAS QUE INSPIRAN 

Vivir con un trastorno mental es navegar en aguas turbulentas. Ansiedad, depresión, trastorno bipolar, demencia… Estos nombres pesan, pero no siempre más que el temor de ser una carga para quienes amamos. El miedo de frustrar o agotar a la familia, de ser la fuente de culpas, es tan asfixiante como la propia enfermedad. Cada día se convierte en una batalla para hacer lo que muchos toman por dado. Pero, a pesar del peso abrumador, cada uno de los pacientes entrevistados ha mostrado algo indiscutible: sí, es posible seguir adelante.

“Hoy veo la vida de otra manera, soy más empática y comprensiva, reconociendo que todos enfrentamos batallas invisibles. Mi consejo para quienes pasan por algo similar es que busquen una red de apoyo y recuerden que, aunque no lo parezca, la vida tiene propósito. Es crucial normalizar los trastornos mentales y acabar con los estigmas, porque no se trata de una “salida fácil”. El apoyo emocional y profesional es vital.  Compartir mi historia es mi forma de hacer que otros no se sientan solos. Al contarla, espero que pueda darles el consuelo y la guía que tanto me habría ayudado a mí.” — Paciente 70
“Ahora quiero vivir..No hay que tocar fondo para entender. No merecemos ciertas situaciones, y siempre habrá otra oportunidad, otro día. Y a quienes rodean a alguien en crisis, les diría que no trivialicen el dolor con frases vacías. El "échale ganas" solo incrementa la culpa. Hoy, siento que soy una versión renovada de mí mismo. Las recaídas aún existen, pero mi deseo de vivir y crecer es más fuerte que nunca. Y compartir esto significa todo para mí, porque quiero que otros sepan que, aunque piensen que están solos, siempre habrá alguien dispuesto a tenderles la mano.” — Paciente 8
“He aprendido que ni siquiera el dolor más profundo debe empujarte a tomar esa decisión. Todo mejora, incluso las pérdidas. Compartir mi historia no significa que estoy completamente sana; sigo teniendo recaídas, pero lo hago por quienes puedan estar viviendo algo similar. Que sepan que no están solos y que siempre habrá un camino hacia adelante.” — Paciente 12

Los miedos persisten, las dudas también. Sin embargo, entre esas grietas de incertidumbre, emerge la fortaleza. Porque la resistencia humana no se mide solo por la salud física o mental, sino por la capacidad de avanzar a pesar de la adversidad. No es romantizar la lucha, es reconocerla. El sistema, las relaciones y las expectativas sociales no siempre están diseñados para contener ese dolor. Pero si algo queda claro, es que, a pesar de los temores y los desafíos, siempre hay quienes encuentran el camino hacia la luz.

REFLEXIONES FINALES Y PROPUESTAS

La crisis de salud mental en Coahuila requiere una intervención integral y urgente. Las soluciones propuestas incluyen aumentar el número de especialistas en salud mental, mejorar el abastecimiento de medicamentos en el IMSS y garantizar que todos los pacientes reciban un diagnóstico adecuado y el tratamiento necesario.

“Recuerdo ese instante como una especie de abismo en el que estaba solo. El tiempo pasaba, y yo solo sentía que ocupaba espacio.” — Paciente 8

Karla Patricia Valdés, psicóloga de la UAdeC, enfatizó que la salud mental es clave para nuestro bienestar general. "Sin ella, es difícil rendir en el trabajo, socializar o sentirnos plenos", comentó. Además, destacó que el entorno social y familiar juega un papel crucial en este aspecto, ya que es necesario un ambiente libre de estigmas y discriminación para un tratamiento adecuado.

“Es difícil adaptarse a una rutina en la que no puedes olvidar tomar tus medicamentos, ni faltar a esas citas constantes con el psiquiatra.” — Paciente 22

Entre las estrategias recomendadas, Valdés mencionó la creación de entornos de respeto, la inclusión de actividades físicas y momentos de esparcimiento. Pero, sobre todo, subrayó la necesidad de escuchar activamente a las personas con problemas de salud mental, sin juzgar ni abrumar con consejos, sino acompañándolas y canalizándolas hacia ayuda profesional.

En esa línea, Ángel Daniel Alarcón Cortés, subdirector de Salud Mental en Coahuila, explicó el funcionamiento de la Línea de Vida, un servicio que ha atendido más de 2,700 llamadas este año. A menudo, los llamados son realizados por familiares o amigos de personas en crisis, aunque también reciben peticiones de ayuda directamente de quienes tienen intenciones suicidas. El proceso busca calmar al individuo, evaluar el nivel de riesgo y activar las medidas de emergencia si es necesario, lo que ha incrementado el alcance de esta línea de apoyo en Coahuila.

Es fundamental que se implementen políticas públicas que prioricen la salud mental y que se asignen recursos suficientes para mejorar la infraestructura y la capacidad del sistema de salud para atender a las personas con enfermedades mentales. También es necesario que se promueva la capacitación de médicos generales en el diagnóstico temprano de trastornos mentales y que se amplíe el acceso a tratamientos asequibles.

La situación de la salud mental en Coahuila es crítica, y las personas que viven con enfermedades mentales enfrentan numerosos desafíos, desde el acceso limitado a atención especializada hasta los altos costos de tratamiento. Sin cambios estructurales en el sistema de salud, muchas personas seguirán sufriendo sin recibir la ayuda que necesitan. Es imperativo que se tomen medidas para garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a una atención médica digna. 

La crisis de salud mental en Coahuila exige una respuesta estructural. Entre las recomendaciones destacan no solo el aumento de especialistas y abasto de medicamentos, sino también la creación de entornos familiares y sociales seguros. Psicólogos como Berecince De la Peña y Patricia Aguilar recalcan que la familia juega un papel crucial. La primera subraya la importancia de detectar cambios radicales en el comportamiento para prevenir tragedias, mientras que Aguilar menciona que los jóvenes y adultos enfrentan ansiedad y depresión, que a menudo llevan a pensamientos suicidas. La falta de protocolos en salud mental agrava este panorama, pero la Fundación Hacer Más trabaja para llenar ese vacío. La organización no solo apoya a pacientes y familiares, sino que también ha invertido en infraestructura hospitalaria y en programas educativos que buscan crear conciencia y un cambio a largo plazo.

Las estadísticas son claras: sin un diagnóstico temprano y un acompañamiento adecuado, las personas afectadas seguirán atrapadas en un sistema que no responde a sus necesidades. Familias enteras cargan con la angustia, pero el acompañamiento psicológico y el apoyo tanatológico pueden marcar la diferencia, como menciona Aguilar. A nivel estatal, la intervención de líneas de apoyo como Línea de Vida ha sido vital, pero se requiere un esfuerzo colectivo, con políticas públicas que asignen recursos para atender esta crisis de manera eficiente y humana.