WILHELM GUSTLOFF EL NAUFRAGIO QUE POCOS CONOCEN

Considerada la mayor tragedia de la historia de la navegación ha pasado desapercibida para casi todo el mundo. El barco era un enorme trasatlántico que, botado en 1938, sirvió hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial como un formidable crucero de lujo en el que no existía división por clases, y al que se invitó a participar a muchos trabajadores alemanes.

Pero tras la invasión de Polonia, el 1 de septiembre de 1939, fue destinado a fines militares: recogió de España a la Legión Cóndor, sirvió de buque hospital en varios destinos y, desde 1940, permaneció fondeado como buque cuartel de submarinos y de alojamiento de la Armada.

Con la llegada del Ejército Rojo a Prusia Oriental, a finales de la Segunda Guerra Mundial, se produjo una oleada de refugiados alemanes hacia el oeste. Ante el temor de sufrir las conocidas represalias más de un millón de refugiados se dirigieron a Danzig y otros puertos en el Báltico con la esperanza de ser evacuados.

La salvación iba a llegar en forma de buques que los llevaran a la todavía segura Alemania. En una noche de enero de 1945 el trasatlántico Wilhelm Gustloff zarpó del puerto polaco de Gdynia -Hitler lo había rebautizado como Gothenhafen- lleno hasta los topes, con 8.000 personas a bordo según documentos oficiales.

Sin buques de guerra para escoltarlo y con sólo 12 lanchas salvavidas colgando de los pescantes, navegaba lentamente por el Báltico, razón por la que se convirtió en un blanco fácil para los submarinos rusos.

A las 23.08 del 31 de Enero, uno de ellos, el S13, disparó tres torpedos. El Wilhelm Gustloff volcó y 2.000 refugiados de la cubierta ahogándose de inmediato. A partir de ahí se vivieron cincuenta angustiosos minutos de lucha y caos entre la gente, con un número irrisorio de lanchas salvavidas, de las que muchas no pudieron ser descolgadas por la congelación de los cables.

Los sobrevivientes fueron testigos de escenas terribles en las que los oficiales llegaron a disparar a sus propios familiares para evitarles la muerte por ahogamiento. Aproximadamente una hora más tarde el trasatlántico se hundía en las heladas aguas del Báltico, las luces se encendieron y se dejó oír la sirena, haciendo del espectáculo algo aún más dantesco. Los buques de guerra alemanes rescataron a 960 supervivientes, algunos de los cuales morirían de frío poco después. Las cifras hablan de 9.343 muertos, lo que la convierte en la mayor catástrofe naval de la historia. Pero ni Alemania quiso reconocerlo, ni los aliados vieron motivos para enorgullecerse.

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