LA IZQUIERDA MODERNA

La “izquierda moderna” sería una izquierda que ha renunciado a la lucha de clases mediante la acción armada; que se somete a la voluntad del elector y es democrática; que ya no busca el partido único y la dictadura del proletariado. En pocas palabras, una izquierda que ya no es izquierda, no busca el poder y más parece una filial de las carmelitas descalzas. Lo curioso acaso es que la “izquierda moderna” no reniega públicamente de sus antiguas y fallidas doctrinas; los “neo marxistas” callan enigmáticamente su antigua adhesión a la utopía genocida y totalitaria, y se resisten a “salir del closet” en asuntos de pensamiento.

Lo más extraño o raro de esta época del socialismo del siglo 21, es que de la noche a la mañana aparecieron muchos personajes en los gobiernos progresistas que se decían de izquierda, revolucionarios, socialistas, cuando anteriormente se codeaban o bamboleaban por los pasillos de la derecha.

Y otros, son los anatemas de quienes se han creído los dueños del conocimiento o del pensamiento único y universal, y que les segregaron o excluyeron, no solo por su fenotipo sino ante todo por sus formas de concebir la “realidad”, calificándolas de endemoniadas o esotéricas. Eran en su gran mayoría una serie de tecnócratas, que se habían dedicado a estudiar en las mejores universidades del “imperialismo” y del “eurocentrismo”, y que tenían un cierto sentido social.

Toda una serie de “añiñados” o de gente light encabezando una serie de funciones y organismos nacionales e internacionales a nombre de la “izquierda”. Que posteriormente enfocaría toda su energía en lograr controlar a los tercero-excluidos, que seguirán siendo excluidos en el futuro.

Como bien señala Zibecchi: “La izquierda es parte del problema, ya no la solución. Porque, en rigor, aunque ahora empiecen los deslindes, los progresismos son hechuras de la misma urdimbre.

A la luz de lo sucedido en la región en las dos últimas décadas, podemos arribar a una redefinición del concepto de izquierda: es la fuerza política que lucha por el poder, apoyándose en los sectores populares, para incrustar sus cuadros en las instituciones que, con los años y el control de los mecanismos de decisión, se convierten en una nueva elite que puede desplazar a las anteriores, negociar con ellas o fusionarse. O combinaciones de las tres.” Raúl Zibecchi, “Cuando la izquierda es el problema”.

la “izquierda moderna” conservarían la doctrina secreta verdaderamente profesada, donde se espera el cumplimiento de todas las promesas de Marx y Engels respecto a la revolución pendiente y final, que les traería la segunda venida de Marx, cabalgando en un fantasma que recorre el mundo, para instaurar un reino ecológico sin sexos ni Estado.

Una razón poderosa que descubre el engaño detrás de la consigna de la “izquierda moderna”, es que ésta y la vieja izquierda están integradas por las mismas personas. Aplaudiendo a los precursores del comunismo.

Cambian de táctica revolucionaria, utilizando ahora a la democracia representativa, pero manteniendo los objetivos últimos del marxismo. Marx ridiculizó a la democracia burguesa, a los “derechos humanos”, a la propiedad privada y a la familia, como artimañas de la burguesía para oprimir al proletariado y como simple “superestructura” de las condiciones económicas capitalistas

Fue por creer en esta filosofía que los seguidores de Marx mataron a tanta gente y establecieron dictaduras tan atroces.

Su cinismo filosófico, su amnesia histórica, su hipocresía y su infinita capacidad de engañar a una burguesía industriosa, que parece no tener tiempo para pensar las cosas. Y se mantendrán a largo plazo en la historia porque el colectivo olvida y poco se informa de lo que ocurre en los países que ya han sido afectados por el movimiento.

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