ENTREVISTA A NICOLAS COLFER

Hola ¿Cómo les va? ¿Qué tal de contingencia? ¿De locos verdad? Esta ocasión invité a platicar a  un escritor desde Argentina, pero no se imaginen a uno no muy agraciado como el reconocido mexicano Carlos Monsivais, es bastante guapo,  pero fuera de su belleza física, las letras que comparte a través de sus redes sociales y medios en los que participa dejan a uno con ganas de más…. Y es por eso que hoy les presento la entrevista realizada  a Nicolas Cólfer. 

No dudo que cuando lean lo que nos platicó y busquen sus escritos, como si fuera  asado argentino se lo querrán comer todo.

Me cruzo la pierna y sirvo el café. Cuéntame, rompamos el hielo y sin albures ¿Eres de escribir a manita… o a computadora?

Depende. Los relatos que leo en Instagram los escribo generalmente a mano. Los textos más largos prefiero abordarlos directamente en una compu. Nunca tuve paciencia para las transcripciones.

Aquí Nicolas conduciendo la muestra de sus alumnos de @libidotaller (Instagram)

Vamos a ponernos poéticos Nico ¿En qué te inspiras para escribir?

Encuentro mucha inspiración en lo audiovisual. Entro mucho a YouTube a reproducir escenas de películas y series que ya vi mil veces. Y la música, obvio. Mis grandes musas son Alaska, Bowie y La Prohibida. También los que hacen bandas sonoras: John Williams, Ennio Morricone, Alexandre Desplat, Philip Glass. A todos ellos les debo un montón.

¿Cómo surge el gusto por las letras?

En una pantalla, mirá vos. Mi gusto por las ficciones literarias tuvo un antecedente claro y directo en mi gusto por las ficciones cinematográficas. “Video” fue una de las primeras palabras que dije (no es broma). Cada vez que la pronunciaba, mis xadres entendían que quería ir al videoclub, seguramente a alquilar Batman Returns de Tim Burton. Durante meses no alquilé otra película. Y no uso el título en inglés por snob, sino porque de hecho la veía en inglés. No entendía nada, eh, y pocas veces me leían los subtítulos. Lo que me obsesionaba era las imágenes. Pasaba horas suspendido delante del tele, y luego muchas más editando esas imágenes en mi cabecita. Recientemente, volví a ver la peli y me pareció muy oscura, demasiado sórdida para un nenito. ¡¿Entendés que mi personaje preferido era el Pingüino, que se zarpa en perverso?! Eso explica, me parece, algunas de mis inclinaciones monstruosas. No es casual que Drácula haya sido la primera novela que leí entera. Tenía siete años y mucho miedo de que Lucy se apareciera en mi cuarto para chuparme la sangre; sin embargo, no podía parar de leer. Un día hasta levanté fiebre, y corrí el riesgo de que me prohibieran la lectura. Seguí de madrugada, cuando mis viejos dormían. No me gustó nada que no quedase vivo ningún vampiro al final. ¿Te das cuenta? Lo que me motivaba era el mal, todas esas manifestaciones alucinantes del mal.

Parece ser que cada vez más la gente prefiere ver o hasta escuchar pero no leer. ¿Cómo te has enfrentado ante este reto?

Todo el tiempo hay una pantalla delante de nosotras. Tengo amigxs muy cercanos que jamás agarran un libro; van del celu a la compu y de la compu al celu. Y está bien, no nos vamos a andar juzgando entre millenials, imaginate. Lo cierto es que desde hace tiempo me preocupa hacer literatura para gente tan hipervinculada como una. Esa preocupación no viene de la nada. Cuando era más piba, mirá qué loco, estaba obsesionada con escribir novelas largas, con “hacer literatura elevada”. Uno de mis mentores más queridos (a quien no menciono porque soy celosa y no quiero que me lo lechuceen) me puso ante Walter Benjamin y su Calle de sentido único. Ahí Benjamin te explica por qué ya no va más pensar en la labor literaria únicamente como producción de libros gordos. Dice que eso es pretencioso. “Salí a la calle a escribir letreros, usá las paredes como soporte”, te aconseja Benjamin a principios del siglo XX. Traído a nuestro contexto, eso vendría a significar “metete en Instagram a escribir posteos, a filmar historias leyendo”. O por lo menos así lo versioné yo.    

¿Tienes algún género predilecto para escribir?

El género fantasía queer. No sé si existe. Quiero escribir un fantasy lleno de drama y glitter. Quiero que mis protagonistas sean amazonas armadas de ironía, pero que lloren cuando un guacho les rompa el corazón. Quiero que una marica sea mi Daenerys y me provoque tensión con sus arengas de combate. ¡Quiero que Drag Vader se pase al Lado Trolo de la Fuerza! OK, me calmo.

¿Te gustaría ver lo que escribes en un producto televisivo o de streaming?

Hoy todas escribimos pensando en las películas y series que se podrían hacer con nuestros textos. Miente la que dice que no. Obvio, me encantaría, pero primero quisiera escuchar a mis personajes en podcasts y verlos ilustrados en novelas gráficas. La tele me provoca cierto vértigo, y no en la cola.

Ha sido una de las respuestas más francas que me han dado ¿Algún placer culposo que tengas de lectura? Algún escritor que algunos odien pero que tu ames o que disfrutes de lectura. 

Qué querés que te diga, me encantan algunos poemas de Neruda. “Adiós París” me pone piel de gallina cada vez que lo recito. Él era un horror, pero tiene versos preciosos.

Se dice que los artístas y principalmente los escritores son muy coquetos ¿Te han buscado por tus escritos? ¿O tú coqueteado a través de ellos?

Los hombres, ¿decís? Esos te buscan por cualquier cosa. Yo coqueteo un montón. No me voy a hacer la que no. Una de mis profesoras de Literatura argentina diría que abuso de “el poder encantatorio de la lengua”. Y bueno, el deseo circula por un campo de batalla y cada una lucha con las mejores armas que tiene.

¿Tienes escritor favorito? ¿Cuál? ¿Por qué?

Releo muy seguido a mis autorxs más queridxs: la Pedro Lemebel, Pablo Palacio, Pascal Quignard y Paul Preciado, entre otrxs cuyos nombres seguramente también empiezan con “P”. Los dos primeros me gustan porque son super delirantes (Lemebel, aparte, es capaz de tanta ternura…). Por su parte, Preciado siempre me golpea la cabeza. Y Quignard me quita el aire: es dulce, preciso, sobre todo cuando habla del deseo y de la ausencia.

Luego hay dos obras para mí constitutivas, Pedro Páramo de Juan Rulfo y Seda de Alessandro Baricco. Me conmueven cada vez que las exploro. De hecho, Seda es la única obra que me hace llorar siempre, sin excepción. Andá a saber por qué.

¿Qué les dirías a aquellos que están empezando a escribir y en ocasiones pierden el ánimo o sienten que les falta talento?

Que sigan escribiendo. La mejor manera de combatir la página en blanco es llenándola. Probablemente, mucho acabe descartado, pero, con lo que quede, algo se podrá hacer. A veces, el problema es querer escribir como tal o cual autor, querer decir como él o ella. Error. Cada una, con los recursos que tiene, puede escribir cada vez mejor sin necesidad de imitar a nadie.

Tampoco hace falta hacerse la innovadora. Ya todos los temas fueron planteados. Por ejemplo, ahora nuestro gran drama es el COVID-19, pero pestes en la literatura hay desde Homero. Lo importante es que cada una escriba sobre temas que le motiven y le interpelen, que se sienta a gusto con sus personajes, por muy simplones y repetitivos que parezcan. No hay temas más encantadores que otros, hay formas más o menos encantadoras de encarar los temas. 

Para terminar: ¿Qué proyectos vienen para ti?

Mirá, ayer le mandé una primera muestra de mi novela a una editora con la que espero trabajar. Una editora independiente, por cierto. Ahora mismo, que estoy en lo peor de mi neurosis, necesito del cuidado y la crudeza de personas físicas que me ayuden a mejorar el material. ¿Te imaginás lo que es escribir una novela? Es aterrador, eh. A mí me cuesta muchos desvelos, y siempre temo haberme comido un detalle, haber pifiado al retomar una cuestión que presenté en la página seis. Por eso necesito que me contengan y me den chirlos si hace falta. Por eso, para la novela, acudí primero a editoriales chicas.

Hace poco, sin embargo, tuve una reunión en una gran editorial (no puedo decir en cuál. Me siento como Mirtha Legrand, haciédome la que no quiero decirlo, pero, che, toda historia necesita su misterio). Me convocaban por mis relatos a la carta. “¿Alguna vez imaginaste editarlos?”, me preguntaron, y la verdad era que no me lo había imaginado. Para mí, esos relatos forman parte del hacer literario que me enseñó Benjamin, de una escritura colectiva entre mis seguidores y yo. Sería muy gracioso que terminen de pronto en un libro. Imaginate la moraleja: “Escritora, publicarás un libro cuando dejes de pensar en eso”. Alto plot twist.

¡Búsquen a nuestro invitado en redes sociales! De verdad que el escritor esta…para leerse entero. Además de leerlo en diferentes sitios en internet como http://larevistadiversa.blogspot.com/

Desde el Departament, les mando un fuerte abrazo digital y les recuerdo que siguiendo las instrucciones de los expertos del área de la salud esto terminará lo mejor posible.

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