LA FAMA DE GARDEL

A 83 años de la muerte del afamado Carlos Gardel. El cantante no solo fue, es y será famoso mundialmente por su voz, sino por su peculiar personalidad que le llevó a protagonizar anécdotas que siempre serán recordadas por quienes le conocieron y admiraron.

Ha pasado a la historia como uno de los mayores ídolos de la canción argentina. Sin embargo, muy poco conocida es la circunstancia que protagonizó durante su paso por el país como un niño inmigrante trabajador en un taller de planchado de Argentina. Allí trabajó y también consiguió el cariño de sus jefes, los cuales vivían frente al Teatro Politeama. Gardel acostumbró a utilizar su ubicación para ‘descubrir’ los camerinos donde lejos de ser un intruso, pasó a ser un queridísimo invitado.

Gardel no tuvo un camino fácil hacia la fama que alcanzó a lo largo de su vida. Esto no es una sorpresa, sin embargo, muchas de las anécdotas que protagonizó durante su ‘época oscura’ sí lo son. Una de ellas es que el cantante fue acusado de estafador. De acuerdo con unos documentos encontrados por el forense Raúl Torres, Gardel logró que el presidente Alvear destruyese pruebas que le relacionaban con múltiples estafas.

Los grandes artistas son aquellos que son capaces de admirarse los unos a los otros, sin rencillas ni envidias. Vivio gratas anegdotas con Chaplin y Sinatra, una de ellas con Chaplin fue de la mano de Chaplin, quien le pregunto a Gardel nada más conocerle qué concepción de él tenían los ciudadanos iberoamericanos. A esto, Gardel le contestó: «Vos tenés en el bolsillo a todos los criollos», comenzando así a fraguar la amistad que entre ambos nacería.

Otra anegdota fue en Nueva Jersey a través de las ondas un joven Sinatra escuchaba a Gardel quedando «embelesado». Tras una charla entre los futuros artistas, Gardel animó a Sinatra, que entonces era un joven a los mandos de las emisiones de esa radio local, para que emprendiese su carrera como cantante.

El Secreto de Gardel

El cantante confirmó en una entrevista que sabía perfectamente cómo se decían las palabras pero que nadie sabía que la r sonaba más fuerte y bonita que la n y que por eso él intercambiaba las consonantes cuando lo creía oportuno.

La voz, la estampa y la simpatía de Gardel arrollaban, especialmente entre las mujeres. Su forma de cantar los pequeños dramas existenciales de sus tangos va a significar una revolución. Nadie es capaz de imitar el fraseo de Gardel ni su habilidad para metamorfosearse en los personajes de sus canciones.

Además, su figura simpática, mezcla de pícaro y castigador siempre bien vestido y repeinado, se convierte en un modelo. Ahora es un triunfador nato, modelo de «el que llegó», un mito rioplatense admirado por los hombres y adorado por las mujeres.

A pesar de esta imagen, Gardel fue en la intimidad un hombre tortuoso, retraído y contemplativo, atenazado por una oscura tristeza y víctima fácil del abatimiento. En cuanto a su vida sentimental, confesaría que nunca se había enamorado de mujer alguna, «porque todas valen la pena de enamorarse y darle la exclusividad a una es hacerles una ofensa a las otras».

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