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Pensamientos de un loco: el actor

Foto: Eduardo Tovar Herrera

Hace tiempo salía con mi mejor amigo no era relevante el lugar y decidimos ir a uno que no habíamos pisado…


No recuerdo el nombre pero tenía tintes “vintage”, con colores vivaces había una figura de “Los hermanos cara dura”, unas figuras de auto-asiento, cosas muy geniales. El ambiente tenue del lugar nos atrajo.

Conversamos, nos pusimos al día, que la familia, algo que nos molesta o algo que nos agrada hasta tener una plática “anfibia” bueno, él lo dice así.

Tras beber una buena jornada de alcohol, se nos acerca un hombre con un estilo vaquero una gorra torcida, camisa de cuadros, botas picudas y además de tener una sonrisa característica porque solo su boca aportaba cuatro figuras dentales.
El hombre me decía con gusto:

-¿Cómo estás te acuerdas de mí?

Y yo me le quedaba mirando a mi amigo con una seña para proseguir con dicho movimiento de actuación:

-Sí, cómo anda ya le arreglo el mofle a la tía Tota o no…
-Nombre m’ijo, ya estás bien grande; Sí, pero, es bien terca ya sabes que no le sabe a esa madre.
-Ah, nombre y ¿qué dice la fiera ya se arregló o ya se divorció?
-No ahí anda feliz, ya me compuse antes era borracho pero ya se me quitó, bueno algo.
-Y qué onda que pasó con la maceta si la sembró o se le secó.
-No esa mujer sabrá hacer muchas cosas pero no tiene mano pa’ las plantas se le mueren, cómo ves.¿Oye y este por qué esta tan serio que le hicieron o qué?

En esa parte de la historia invito a mi amigo a ser parte de esta obra de método y le digo al hombre con certeza:

-Es el Johnny.
-El Johnny, nombre ya está bien grandote el pelado, nombre recuerdo cuando era una cosilla yo te veía m’ijo todo chamagoso ibas con el pañali’o a la tienda de doña Kika.

Y mi amigo un poco nervioso le dice:

-Ah, ya sé quien es y ¿cómo anda pela’o?
-No pues, me ha ido con madre m’ijo ahorita voy a la casa y le digo esta vieja que me haga las de arete, vamos.
-Nombre mi buen es que vamos de pasada.
-Ah que mi Johnny cabrón como siempre, ya estás bien grandote y ¿qué andan haciendo?
-Es que veníamos de pasada pero, vamos otro día ya sabe que puede ir allá a Guadalajara cuando quiera nomás pregunte por el Johnny.
..

Parte del primer acto se trató de conversar con un completo desconocido de una vida que no existía, al menos para nosotros, y nos sorprendió porque en muchos bares o cantinas, usualmente el mesero no le importa si te molestan o no y esta vez hubo una excepción pero nosotros queríamos más; la anécdota.

El señor gritaba de jubilo y sonreía, se le notaba el gozo y al final nos comentaba que “no era pendejo” que no nos conocía pero que la había pasado bien y era feliz porque no lo habíamos corrido y ya tenía mucho que no conversaba con alguien mientras entraba a un concurso de “chocarla” de una manera fuerte contra el “Johnny”.

En el segundo acto nos retiramos y fuimos a otro bar con estilo rústico; tocaba una banda de manera bestial.

El saxofonista hacía delirar a la gente por los tremendos solos que interpretaba mientras seguíamos conversando el Johnny y yo, claramente.

Se acerca uno de los músicos que casualmente es amigo de él y charlábamos acerca de la música y como te hacía viajar a otro tiempo.

Llegamos a un punto llamado “tragedia” para los que no fuman es normal pero, para los que fuman es un infierno:

Estábamos consiguiendo un cigarrillo y veo al dueño del bar y me dice “sobres”.

Acto seguido, me doy cuenta de que es un cigarrillo de guerra el cual comparto con Johnny.

Y tras un rato bajo los efectos del opiáceo, decidimos irnos del bar y… fue el viaje más psicodélico.

Al principio todo tranquilo íbamos a casa de Johnny cuando empezamos a escuchar voces y después era más cerca, como una parvada.

Luego dije “a lo mejor es un efecto paranoide de la hierba” pero entonces Johnny me dice con cierto temor en el rostro:

-Nos están siguiendo.

Nuestra caminata era como el capítulo de “Malcom el del medio” donde Hall camina con traje rojo.

Después de ser un trotamundos en tiempos de vanagloria llegamos por una conocida cantina de adultos mayores dónde veíamos unas camionetas gigantescas de esas que dan temor pitarles en la carretera.

Ya estábamos muy cerca así que no retrocedimos, pues, pensamos que se vería sospechoso, pero, a un lado de la camioneta, se veían dos siluetas que hacían algo extraño.

El Johnny y yo queríamos cambiarnos de acera porque se veía que estaban torturando a alguien.

La imagen se esclareció y eran dos féminas: una ayudando a otra porque hacían sus necesidades. Lo cual era extraño porque había hombres arriba de la camioneta.

Y con un ligero alivio llegamos a casa de Johnny y como para amortiguar un buen final tras una noche aparentemente simple, fuimos por unos tacos.

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