UN VIAJE AL INTERIOR DE LEICA, EL GRANDE ALEMÁN DE LA FOTOGRAFÍA

Así es la sede principal del gigante alemán de la fotografía Leica, cuyas oficinas están ubicadas en el Leitz Park, en Wetzlar, a 65 km de Fráncfort (Alemania). Un conjunto de edificios blancos y altos, de ventanales amplios y verticales, que visto desde el cielo recuerda una cámara fotográfica.

Al entrar, justo al lado de la recepción, hay una exposición que cambia cada tres meses y destaca el trabajo fotográfico de algún artista en el mundo.

Un poco más allá, después del mapa de las instalaciones, un hall alberga la exposición ‘36 recuadros de los 100 años de Leica’. En las paredes, los recuadros negros recuerdan una cinta de negativo, con los 36 frames posibles que se usaban en los primeros rollos de fotografía.

Allí están expuestas piezas como el V-J Day en Times Square, recordada como el beso del fin de la Segunda Guerra Mundial; la imagen de la niña del ataque con napalm en Vietnam, de la serie The Terror of War del reportero gráfico Nick Ut, y el retrato de Mohamed Alí, de la serie Now You See Me de Thomas Hoepker, entre otras.

Oskar Barnark, el creador de este invento, solo hizo dos unidades de la cámara denominada Urs. La suya y la de su jefe, Ernst Leitz, fundador de Leica. En el Leitz Park está expuesta una réplica exacta. Mientras que una de las originales, que aún funciona mecánicamente, permanece custodiada, la otra está perdida en algún lugar del mundo.

La producción comercial de las cámaras fue una decisión que llegó una década después. La guerra y la difícil situación económica de Europa retrasaron su lanzamiento al mercado, que fue en 1925, bajo el riesgo de Leitz. Su lanzamiento permitió el nacimiento del género fotográfico de ‘capturar el momento’.

Siete años después, Leica lanzó la primera de sus cámaras que permitía un cambio de lente. Durante las décadas subsecuentes, la firma familiar luchó por internacionalizarse y dejar atrás los vetos económicos impuestos a Alemania. En medio de una publicidad intensa, en los 50 se produjo la popular serie M, y a finales de los 60 llegó su primer modelo réflex.

Su tecnología servía como un escáner y podía abstraer imágenes capa sobre capa en rojo, azul y verde en su sensor, pero cada toma requería 3 minutos de exposición. Y aunque fuera revolucionaria para ese entonces, al contar con 5 MP, la situación financiera hizo que la firma optara por dejar la senda digital.

Poco después, la empresa puso todas sus apuestas en la Leica M8, uno de los modelos más populares hasta el momento, que salió al mercado en cuestión de 10 meses. Desde ese año, la firma está en su moderno campus, que abre los fines de semana para albergar a visitantes de todo el mundo que reciben como recordatorio un prototipo de lente sin culminar.

Desde 2014, Leica empezó a trabajar de cara a los smartphones. Debido a una alianza con la fabricante china Huawei, la alemana ha cocreado las cámaras de los teléfonos de gama alta desde el P9 y el Mate 9.

Sin embargo, lo interesante es que ese desafío se puede convertir en un campo amplio por explorar y en una carrera matemática para llevar el conocimiento de más de un siglo a futuros chips de un tamaño minúsculo, que sean capaces de capturar el movimiento con un solo toque de sus dedos.

Comments are closed.