RESPETAN EL CONFINAMIENTO EN CHINA CON CÁMARAS Y ROBOTS

China no escatima recursos tecnológicos para hacer respetar estrictamente las medidas de confinamiento y evitar una nueva ola de contagios. Robots para entregar las comidas y cámaras para vigilar las entradas y salidas del domicilio.

En un hotel de cuarentena en el centro de la capital china, un guardia se asegura de que nadie salga de su cuarto.

Los únicos movimientos que se permiten en los pasillos son los de un robot cilíndrico de un metro de altura que distribuye botellas de agua, comida y paquetes a las personas confinadas.

La máquina puede tomar el ascensor sola y marca, una vez llegada a su destino, el número de teléfono de la habitación para informar de su presencia.

«Buenos días, es su robot de servicio. Su pedido está frente a la puerta de su habitación», avisa una misteriosa voz infantil.

El vientre del robot se abre, el confinado recupera los artículos y el autómata se va. Este sistema tiene la ventaja de limitar al máximo los contactos entre el personal y los clientes, potencialmente infectados.

Los médicos cubiertos íntegramente que vienen cada día a tomar la temperatura, son los únicos humanos con los que los confinados, entre ellos una periodista de la AFP de regreso a Hubei, tienen contacto físico.

Joy Zhong, de 25 años de edad, ha pasado tres semanas de confinamiento en un cuarto exiguo de un hotel de Pekín, donde no podía ni siquiera pedir comida al exterior.

«Veintiún días sin ver a nadie, el tiempo se hace realmente muy largo», se lamenta la joven, que trabaja en prensa y regresaba de una misión a Wuhan.

A los que realizan su cuarentena en casa les colocan en la puerta de su domicilio una alarma electrónica silenciosa.

En algunos casos, una cámara instalada en la puerta de entrada del domicilio es la encargada de vigilar cualquier movimiento sospechoso.

«Es aterrador ver cómo uno se habitúa a estas cosas», dice Friederike Boege, periodista alemana en cuarentena a su regreso de Hubei y que ha pasado por esta amarga experiencia.

«Yo creo que los vigilantes del edificio y la persona encargada del mantenimiento me denunciarían si saliera», dice a la AFP.

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