CORONAVIRUS PUEDE AFECTAR TAMBIÉN EL CEREBRO

Muchos de los pacientes ingresados en hospitales de Nueva York están tan desorientados que no saben dónde se encuentran ni en qué año viven. Esa confusión se debe a veces a la falta de oxígeno en la sangre, pero en algunos casos la desorientación parece demasiado alta en relación con el daño sufrido en los pulmones.

Para Jennifer Frontera, neuróloga del Hospital Universitario Langone en Brooklyn, esos casos plantean interrogantes sobre el impacto del nuevo coronavirus en el cerebro y el sistema nervioso.

Un artículo del New England Journal of Medicine, la revista médica estadounidense más prestigiosa, señala que médicos franceses estudiaron a 58 pacientes con coronavirus y comprobaron que la mitad de ellos estaban desorientados o agitados. Unos escáneres cerebrales mostraron posibles inflamaciones.

«Todo el mundo dice que es un problema de respiración, pero también afecta a lo que más nos importa: el cerebro», dice a la AFP el jefe del departamento de neurología de la universidad de California en San Francisco, S. Andrew Josephson.

Los virólogos no están del todo sorprendidos de que el nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, pueda afectar el cerebro y el sistema nervioso. Eso ya se observó con otros virus como el del sida, el VIH. Los virus pueden afectar el cerebro sobre todo de dos maneras, explica Michel Toledano, neurólogo en la Mayo Clinic en Minnesota.

La primera ocurre por el inicio de una respuesta inmunitaria anormal llamada tormenta de citocinas, que provoca una inflamación del cerebro denominada encefalitis autoinmune.

La segunda se produce por una infección directa del cerebro, una llamada encefalitis viral. El cerebro está protegido por la barrera hematoencefálica, que se encarga de bloquear las sustancias intrusas, aunque en ocasiones puede fallar y dejar pasar alguna.

Algunos científicos sostienen la hipótesis de que la nariz podría ser la vía de acceso hasta el cerebro, ya que la pérdida de olfato es habitual para numerosos enfermos de covid-19. Pero esa teoría se ve debilitada por el hecho de que muchos pacientes que pierden el olfato no sufren graves problemas neurológicos.

La principal teoría es que el impacto en el cerebro es fruto de una respuesta inmunitaria excesiva, pero para confirmarla es necesario detectar el virus en el líquido cerebroespinal de un enfermo.

Comments are closed.