Columnista Departamento 41

COLUMNA DEPARTAMENTO 41, POR SERGIO ARÉVALO

¿Estás buscando con quién pasar un rato agradable con o sin compromisos? Para algunos gays, conocer más gente podría resultar una tarea sencilla y acuden a bares o antros  en busca de una pareja; sin embargo, la posibilidad de éxito es más baja que si ya tuvieran un encuentro programado, con cita previamente planeada. Esto es posible gracias a distintas aplicaciones creadas para la comunidad gay.

Son casi las once, no tengo planes, nadie de mis amigos me convocó para tener algún plan, aplicó la vieja confiable: descargar Grindr. Llevo varios años sin abrirla, había tenido una pareja estable por dos años, me doy cuenta que la plataforma ha cambiado, se parece más a WhatsApp, y las descripciones en cada uno de los perfiles es más extensa de lo que recuerdo, muy específica y ¡oh! Bastante discriminativa, no gordos, no altos, no morenos, no pasivos, no mayores, sin foto no molestes, algunos llegando a ofender si no cumples con lo señalado en la descripción ¿y el respeto? ¿la unión como comunidad? O solo eso se da fuera de las aplicaciones de ligue.

Aplicaciones de ligue

Parece imposible encontrar el amor en tiempos de aplicaciones de ligue. Antes solo bastaba con chocarte con el guapo de clase por los pasillos, que se cayeran los cuadernos y, al recogerlos, apareciera  un roce de  manos, platicaran, se agregaran a Instagram ¡taran! También podía ser que, sacando al perro, tu mascota se parece a oler a otra y su dueño era un ser humano del que quedabas prendado, algo así como en 101 dálmatas.

Ahora todo es relativamente mucho más complicado, ya ¡somos muchos! Y la comunicación cara a cara como una forma básica de conocerse parece estar en segundo plano gracias a las tecnologías de la información. Han surgido muchas aplicaciones  como  Grindr, Manhunt, Bender, Scruff entre otras  donde pretenden hacernos la vida más fácil y ya puestos, ayudarnos a ligar. El lenguaje cara cara  pasó a la historia y ahora el lenguaje que parece  hay que dominar es el del emoji.

Discriminación

En una ocasione en el supermercado con otro amigo gay estábamos platicando, ya en caja listos para pagar, algo pasó, no teníamos nada en la cara o en la ropa que provocará  las personas voltearan, tal vez fue el vernos juntos con mucha empatía (como dicen, juntas las locas sobresalen más) lo que provocó que un grupo de muchachos empezaran a murmurar, vernos mal y hacernos sentir inseguros. 

Ser gay, lesbiana, bisexual o trans en México y el resto del mundo  puede motivar la exclusión, rechazo, negación de servicios y discriminación social. En distintas partes del planeta se ha avanzado en la lucha contra la homofobia, pero estas personas siguen enfrentando altos niveles de violencia y desigualdad por su orientación sexual e identidad de género.

Para darnos una idea de la situación, cifras de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México reportan que más de 50 por ciento de la comunidad LGBTI en el país apela a la discriminación que vive. Además, cerca de 40 por ciento de la población no está dispuesta a vivir con alguien que sea de orientación sexual diferente.

No olvidemos ni dejemos de reconocer los avances. En los últimos dos años en México se han dado avances respecto a los derechos de la comunidad LGBT+, pero tampoco quitemos de la vista que no existe una política pública integral que responda a las necesidades, ni un pronunciamiento claro de las autoridades contra la homofobia.

Discriminación en las redes

El perfecto selfie en el espejo del baño o en la recámara, la silueta a contraluz frente a la puesta de sol en una playa preciosa, una foto colectiva en el restaurante de moda… ¿Existe en estas plataformas un ideal de belleza y de estilo de vida que nos hace sentir mal si no podemos alcanzarlo? 

No podremos  negar algo,  lo primero que ves  al abrir las aplicaciones de ligue en las primeras 9 fotografías que te ofrece la aplicación son  abdómenes al descubierto, un par de hombres en bóxer o calzoncillos y un ojo o parte del cuerpo que te trata de invitar a que te imagines el resto del cuerpo.

No es tema aquí si funciona o no las aplicaciones de ligue, pero como lo mencionamos antes se ha estado trabajando por los derechos de la comunidad y el que dentro de las aplicaciones de ligue se muestre una discriminación, aunque pareciera que no tienen importancia la tiene, porque llega a un punto de ofender, y minimizar a las personas por no cumplir con el perfil que el otro usuario desea, como si fuera carne. ¿Es así como queremos seguir avanzando?

¿Entonces qué hacer?

Si pensaban sacar la carta de ¡las aplicaciones nos incitan a discriminar! No es del todo cierto, se da la opción para que pongas lo que te gusta o lo que no, pero no al grado de  invitarte  a que seas despectivo con el otro.

Por ejemplo, actualmente  Grindr cuenta con más de 7 millones de usuarios en 192 países. Una de las características más importantes de esta aplicación es su trabajo a favor de los derechos de la comunidad homosexual a través de Grindr for equality, una iniciativa que consiste en enviar mensajes a los usuarios con el fin de alentarlos a participar en eventos importantes para la comunidad LGBT, así es que no, ellos no son los malos del cuento.

Sonará trillado o a campaña de gobierno, pero la verdad es que los valores están en casa y no por mostrar los calzones se pierden los valores. Uno debe tener claro lo que quiere pero también en no herir a los demás, no se debe perder en el radar (no precisamente en el gaydar), que somos una comunidad o un intento de…. Y que el empezara  rechazarnos los unos a los otros hará que la fragmentación sea más grande y gane el ego y el rechazo.

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