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DIANA BRACHO, UNA ACTRIZ SIN CONCESIONES

La actriz Diana Bracho, quien este 12 de diciembre celebrará su cumpleaños número 75, se ha consolidado como uno de los rostros más admirados y reconocidos del ámbito actoral del país, tanto en la pantalla grande, como en televisión y teatro. Desde muy joven, Bracho, hija del actor y director Julio Bracho –quien en un principio no quería que se dedicara a la actuación- y de la bailarina Diana Bordes, caminó por sets y foros siguiendo la sombra de una vocación que pronto la atrapó de manera irremediable.

En sus primeras incursiones, con pequeños papeles en las cintas de su padre, la incipiente actriz se topó con El castillo de la pureza, dirigida por Arturo Ripstein en 1972, basada en hechos reales, con la que sorprendió a la crítica y le valió su primer Premio Ariel.

El drama, que cubrió las notas de la época, y del que el escritor y periodista Luis Spota escribió la novela La carcajada del gato (1964) basada en el acontecimiento, brindó a Diana la oportunidad de mostrar su eficacia en escena.

Con una preparación sólida -estudió Filosofía y Letras en Nueva York-, Bracho afianzó también una carrera en televisión, especialmente en telenovelas, muchas de las cuales se convirtieron en clásicos del género, como Cuna de lobos (1986), escrita por Carlos Olmos y dirigida por Carlos Téllez. La serie marcó un antes y un después en este tipo de programas.

Un legado indudable

Son muchas las películas que dibujan la carrera de Diana Bracho. De Las Poquianchis (1976), dirigida por Felipe Cazals, drama basado también en hechos reales, se pude saltar a Y tu mamá también (2002), de Alfonso Cuarón, o a Entre Pancho Villa y una mujer desnuda (1996), de Sabina Berman.

Bracho también participó en el montaje teatral de Entre Pancho Villa y una mujer desnuda, antecedente de la cinta. Respecto a la actuación de la actriz, el dramaturgo y crítico Víctor Hugo Rascón Banda escribió en una revista de circulación nacional la definición de su trabajo actoral: “(La obra) es la oportunidad de ver a la siempre bella, dúctil, fina, inteligente Diana Bracho”.

En televisión, la artista ha trabajado en muchas de las telenovelas insignia del género. Es el caso de El derecho de nacer (1991), Fuego en la sangre (2008), El privilegio de amar (1998), sin olvidar Cadenas de amargura (1991), en la que encarnó a la malvada «Evangelina», y la ya mencionada Cuna de lobos.

Diana Bracho forma parte del juego de rostros que han hecho de la actuación una pasión de vida.

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