Cultura

¿SABES CÓMO BENJAMIN FRANKLIN DIFUNDIÓ LA CIENCIA MODERNA?

Las viejas generaciones europeas siempre confiaron en el pensamiento mágico para explicar los fenómenos celestiales, como si de mensajes ocultos se tratara. Nicolás Copérnico, precursor de la astronomía moderna, cuya vida transcurrió entre los siglos XV y XVI, utilizó métodos científicos para idear una comprensión más precisa del sistema solar. En su libro «Sobre las revoluciones de las esferas celestiales» (publicado en 1543), Copérnico mostró que los planetas giraban alrededor del sol, aunque todavía no lo entendía todo.

Él pensaba que los cuerpos planetarios tenían órbitas circulares porque el Dios cristiano habría diseñado círculos perfectos en el cosmos. La confirmación que el movimiento planetario es elíptico fue un descubrimiento que llegó mucho después; pero su visión del cosmos fue revolucionaria, dejando atrás el sistema ptolemaico (sistema donde cada planeta se mueve mediante una combinación de dos o más esferas) utilizado por siglos.

Aunque en esa época, la mayoría de las personas había aceptado el sistema heliocéntrico de Copérnico; el asombro aún estaba presente, así la maravilla se aprovechó de los avances tecnológicos para así contribuir a ayudar a las personas a comprender mejor el mundo en que vivían.

Franklin, al igual que muchos en su generación, creía que el conocimiento científico podría reducir los temores humanos sobre lo que el cielo podría presagiar; en este sentido toma la iniciativa de publicar El almanaque del pobre Richard (Poor Richard’s Almanack o Almanac); un almanaque que tenía una periodicidad de publicación anual creado por el mismísimo Benjamin Franklin, quien bajo el seudónimo de «Pobre Richard» o «Richard Saunders» se embarcó en la cruzada de la democratización del conocimiento, con información científica a través de un estilo satírico, para ayudar a los lectores a poder distinguir eventos astronómicos de las predicciones astrológicas; entre otras cosas.

Con el almanaque del pobre Richard, Franklin, pasaría a difundir las opiniones científicas modernas de eventos astronómicos, en un intento de liberar a la gente del reino de las profecías y la astrología pagana. Él consideraba la predicción astrológica tonta, especialmente a la luz de los nuevos descubrimientos científicos que se hacían sobre el Universo. De esta forma, aprovechó la grieta para usar sus almanaques con un tono donde se burlaba de sus competidores que seguían fingiendo que podían usar legítimamente los eclipses, para predecir eventos futuros.

El almanaque de Franklin proporcionó historias, aforismos y poemas, todos ostensiblemente confeccionados por el personaje Richard Saunders, el «autor» ficticio del «Almanaque del pobre Richard» de Franklin. “Saunders” permitió a Franklin satirizar a los fabricantes de almanaque que escribían sobre eclipses como si fueran fenómenos ocultos. La sátira funcionaba porque se realiza muy cerca del objeto de burla, con una ligera diferencia; un recurso muy efectivo si tomamos en cuenta a los actuales programas de parodias. Así poco a poco fue minando la credibilidad de sus competidores Titan Leeds y John Jerman.

Pero, los eclipses de Sol no aparecen iguales en todas las partes de la Tierra donde se pueda ver. Puede ser total en algunos lugares, solo parcial en otros, y en otros lugares no vistos en absoluto, aunque ni las nubes ni el horizonte lo impidan».

Con esta explicación Franklin abría las puertas a que la gente tuviera más confianza en el Universo y en sus fenómenos, para apartarse definitivamente de las ficciones que estaban en muchos almanaques.

INFORMACIÓN: DIGITALNEWS