Cultura

LOS ZOMBIS DEL CARIBE

Es sabido que en su período colonial miles de negros fueron traídos a la isla de Saint-Domingue desde África, en barcos esclavistas. Se conoce también el objeto de aquello: los negros eran la mano de obra que debía encargarse de trabajar la tierra; cultivando tabaco, algodón, café y otros insumos, reducidos a la esclavitud.  

Es también del dominio público que, a pesar de la catequesis obligatoria a la que fueron sometidos los esclavos de la isla que más tarde sería conocida como Haití, muchos negros se aferraron a las creencias religiosas y a los mitos de sus ancestros africanos, último remanente de la libertad que se les había arrebatado.

Pero aquellas creencias no solo aportaron alivio y sosiego para las almas resignadas, también fueron motivo de angustia. ¿La razón de esto? Los seguidores de una rama de la religión vudú aseguraban que era posible retirar a las personas del reposo de la muerte, para devolverlos a la Tierra. Mas los que eran retornados no volvían para ser vivos, ni tampoco muertos, sino algo a medio camino entre ambos estados: el zombi había sido creado.

La antropóloga Michaelle Ascencio, en su libro “Las diosas del caribe”, explica que la palabra zombi tiene diferentes orígenes etimológicos “viene de las lenguas bantú, del congolés «nsoumbi» (diablo) o «mvumbi» (individuo en estado cataléptico) o del angoleño «zumbi» (fantasma)”, (p.88).

Así las cosas, en los rumores que rondaban por la isla se decía que entre la población de negros había brujos, llamados “bokós”, que se encargaban de ‘zombificar’ a los esclavos que acababan de morir; para obligarlos a llevar a cabo las tareas nefandas que el hechicero les impusiese.

Suspendidos en el extraño sopor cataléptico de los no-muertos, era poco lo que las víctimas de la terrible magia negra podían hacer para liberarse del encantamiento. Con el tiempo la noticia del mito llegó a oídos de los patronos, quienes comenzaron a emplearlo como una amenaza para que los esclavos que se negaban a trabajar reemprendiesen la faena.

Una parte del mito, menos explotada por las adaptaciones cinematográficas, habla de una figura que sería la contraparte del brujo, se trata del dador o la dadora de sal. En los cuentos populares, este alimento tenía la virtud de poner fin al estado de servidumbre de la persona embrujada.

El liberador podía ser la esposa del mismo brujo, que, atareada por el gran número de zombis que debía custodiar, decidía liberar a alguno. Se cuenta también que, movido por la compasión, este personaje entregaba la “sal de vida” al alma subyugada. Cuando esto pasaba, el liberado volvía a la vida como hombre o como mujer.

En otras versiones del mito luego de probar la sal el zombi recuperaba su conciencia y mataba a su amo-hechicero, con lo cual la magia se disipaba y podía retornar entre los vivos.

INFORMACIÓN: NOTIAMERICA

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