Coahuila Cultura

PLAZA DE ARMAS, EL CORAZÓN DE SALTILLO

El panorama resulta mágico, frente a mi, la Catedral de Saltillo se erige imponente, maravillando a quien se detiene a contemplarla con su arquitectura y su belleza, detrás, Palacio de Gobierno reluce, más por su valor histórico que por lo que representa, a mi lado derecho un edificio que data del siglo XVIII me maravilla, una casona que ahora alberga en su interior a la Escuela de Ciencias Sociales y a mi izquierda, Los Portales, monumento dedicado a la remembranza de la lucha independentista.

Me encuentro en medio de Plaza de Armas, el sonido del agua corriendo en la Fuente de las Ninfas me resulta familiar y confortante, pareciera que la historia de la ciudad confluye en este punto; el corazón del centro histórico es de alguna manera sobrecogedor, recorrer el mismo espacio que fue testigo de tantos procesos históricos es intimidante y a la vez te dota de un sentido de pertenencia inmenso.

Plaza de Armas es un lugar de gran valor histórico y humano, este lugar ha sido testigo de la lucha de Independencia, del desfile de tropas del General Santa Anna en su camino a la conquista de San Antonio de Bérjar, de la ocupación estadounidense en 1846; pero también ha presenciado una infinidad de primeros besos, declaraciones de amor, rompimientos y desilusiones, los primeros pasos o las primeras palabras de un infante, la risa conjunta de algún grupo de amigos mientras acaban una noche de copas, amor, lágrimas y sueños desbordados a través de tantos años, la vida ha recorrido esta plaza, su gente es la que la mantiene con color, dotándola de un sentido y un propósito: ser el hogar palpitante de toda una ciudad.

UNA PLAZA EVOLUTIVA 

Según el historiador José de Jesús Dávila, y con la información recabada del libro Espacios geográficos, urbanos, públicos y de transito de Saltillo. Siglos XVI al XX del también historiador Carlos Recio Dávila, el espacio que ahora conocemos como Plaza de Armas, comenzó como un solar donde varias especies de ganado pastaban durante el siglo XVII, el mismo lugar tiempo después sería bardeado con adobe, lugar que servía para que algún transeúnte pudiera descansar. Dentro, se construiría una pequeña fuente que obtendría agua que nacía en el Ojo de Agua. 

Se indica que, la que sería plaza principal, fue ubicada frente a los monumentos que representaban a los poderes de la época, los cuales durante aquellos tiempos eran el Ayuntamiento y una pequeña parroquia donde posteriormente se construiría la Catedral de Santiago. 

Según Carlos Recio, durante el siglo XVIII el nombre del espacio era Plaza Real, o Principal, y se desconoce cuando se acuño el termino “de Armas” para 1880 la misma sería llamada también Plaza de Independencia. En el centro existía una pila que abastecía de agua a muchos pobladores. 

La plaza, ha tenido un sinfín de modificaciones y mejoras, llegándose a instalar en 1885 farolas de gas traídas directamente desde Nueva York, posicionando fuentes, e inclusive un kiosco en el centro de la plaza. Para 1870 ya se habían plantado gran variedad de árboles y el panorama asemejaba a jardines ingleses donde hay muchas especies de vegetación. Las arboledas y el kiosco serían removidos durante el gobierno de Manuel Pérez Treviño.

Entre 1928 y 1929, sería colocada la Fuente de las Ninfas, misma que habría sido un regalo por un grupo de empresarios de diferentes nacionalidades que residían en la ciudad durante 1910, con el motivo de conmemorar el centenario de la Independencia. Se modificaría el suelo que siendo de concreto se cambiaría a cantera rosa. Para 1978 y con la intención de remodelaciones al suelo, la Plaza de Armas cruzaría un periodo sin bancas ni árboles. En 1990 sería su más reciente remodelación, donde se instalaron jardineras y una poca cantidad de árboles, que no interfirieran con la vista de los edificios históricos. 

La Plaza de Armas en un momento también albergaría corridas de toros, como un lugar iniciático de esta tradición española, también se llevarían a cabo fiestas, como las celebraciones del santo patrono Santiago, así como la feria de Saltillo. Durante la época del porfiriato se comenzaron a celebrar los festejos patrióticos en esta plaza, como el 15 de septiembre (Día de la Independencia) y el 5 de mayo (Batalla de Puebla) inclusive se llego a celebrar el onomástico del Gral. Porfirio Díaz donde se llevaba a cabo una serenata. 

El peso histórico que tiene la Plaza de Armas para Saltillo es inmenso, representa el pasado y el presente conjugados, la historia viva y palpable frente a nuestros ojos, ilustra los procesos de cambio y lo mucho o poco que hemos avanzado como coahuilenses, como mexicanos. Que las generaciones pasen y recorran esta plaza, que se enamoren de ella, como de la ciudad misma, que siempre se mantenga vivo el corazón de Saltillo.

INFORMACIÓN: Libro Espacios geográficos, urbanos, públicos y de tránsito de Saltillo. Siglos XVI al XX del autor e historiador Carlos Recio Dávila.

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